domingo, 27 de mayo de 2018

Crónica catalana

  

Santuario de La Gleva
 Con Marta Zaragoza, directora de la escuela.
 Con Pep Olmo, presidente de la Asociación de Padres.
 Asistentes a la conferencia en el Ateneo.
 Cenando en Can Dorca
 Vic
 Exterior de la Catedral de Vic
 Frescos de Sert



 Virgen del Pilar
 Templo romano en Vic
 Plaza del mercado
 Al fondo, la iglesia de Sant Martí
Fachada de la Iglesia de Sant Martí

Mi visita a L’Escola Mare de Déu de la Gleva, en Les Masies de Voltregà de Barcelona, ha sido una experiencia estupenda. Me he sentido muy bien acogido y muy bien tratado y me he encontrado con personas tan amables y divertidas como comprometidas con la educación desde la sensatez y el rigor. Vi a Mohamed, un chico senegalés con enormes dificultades, recitar poesía con soltura y emoción, a Eloy y a otra alumna, no recuerdo ahora su nombre, pero lo hizo también de maravilla, regalarnos una actuación con violonchelo y trompeta, y a muchos otros alumnos en plena clase, manteniendo una disciplina sosegada pero eficaz, y evitando “moderneces" sin sentido. 

La L’Escola Mare de Déu de la Gleva es concertada, religiosa sin dogmatismo, y con un ideario claro y firmes convicciones que ya querría yo para todos los colegios e institutos públicos. Pude comer en el propio centro con colegas entusiastas y charlar sobre nuestro oficio, además de ver la habitación de  Jacinto Verdager en el Santuario que se encuentra nada más salir de la escuela, en el que estuvo recluido tras su enfrentamiento con el marqués de Comillas y las autoridades eclesiásticas, y donde se dedicó durante dos años a escribir. 

Antes de la conferencia en L'Ateneu de Sant Hipòlit de Voltregà, y justo después de una entrevista en el Canal 9 de televisión, pude pasear por Vic y ver el templo romano, la plaza del mercado, donde tomamos una cerveza fresca, pues el calor apretaba, y la Catedral, con los impresionantes frescos de Sert, y escuchar las explicaciones de un guía turístico muy amable e ilustrado sobre la historia que encierran los frescos, cuya tercera versión es la que se expone, en un tono inevitablemente influido por la Guerra Civil. Todo ello, gracias a la amabilidad de Pep Olmo, presidente de la Asociación de Padres y de Marta Zaragoza, directora de la escuela, y a las gestiones de Josep María Sucarrats, filólogo y profesor en la escuela. En la Catedral encontré también una Virgen del Pilar. Parece que quien la inauguró era oriundo de Tamarite de Litera, en Huesca, y la llevó allí. 

Después de la conferencia, a la que asistió mi buen amigo Francesc, fuimos a cenar a Can Dorca, también en Sant Hipòlit de Voltregà. Comida casera y rica y una buena conversación me dejaron un gusto inmejorable.

Al día siguiente, antes de tomar el tren de regreso, me encontré al salir a la calle, ya en Sant Celoni, con la iglesia de Sant Martí, y no pude dejar de acercarme a contemplar su curiosísima fachada barroca.

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