miércoles, 20 de enero de 2021

La LOMLOE y la calidad del sistema educativo. Seminario virtual

Esta tarde he participado en un seminario virtual organizado por la Fundación Episteme, con Miguel Recio, Vocal Asesor del Gabinete del Secretario de Estado de Educación. 


Aquí dejo la grabación.

Entrevista para Ib3 Ràdio sobre desigualdades sociales

El domingo 17 de enero, a las 21 horas, se emitió por IB3 el documental radiofónico 'L'ascensor avariat' (El ascensor averiado), sobre desigualdades sociales y su impacto en educación y salud, en el que se incluye una entrevista que me hizo Pere Prieto Planells. El documental pertenece a una serie de tres programas titulada 'Els altres abismes' (Los otros abismos), en el espacio creado por Ib3 Ràdio bajo la etiqueta 'Carta Blanca', en el cual cada autor ha podido elegir tema, formato, invitados y enfoque. El programa puede escucharse aquí.



Grabación de la entrevista con Giuliana Caccia, desde Perú

 Dejo la grabación de esta entrevista con Perú. Puede accederse desde aquí.


miércoles, 13 de enero de 2021

Conversación con el Perú

Esta madrugada, a la una (hora española -las 19 en Perú-) se emitirá a través de Facebook Live, una conversación con Giuliana Caccia. 

sábado, 2 de enero de 2021

Tribuna en El Mundo. "Los otros alumnos"

Ayer publiqué mi primera tribuna del 2021 en El Mundo. Puede leerse aquí.

Los “otros” alumnos.

"Una alumna de Bachillerato me envía una reseña sobre el libro que ha leído. Le doy las gracias y le digo que la publicaré en el blog del instituto. Me pregunta cuánto subirá su nota. Le respondo que las notas ya están puestas y que lamento que lo haya dejado para última hora. Me insiste en que le suba la nota, que aún estoy a tiempo de hacerlo. Me niego. Me contesta que soy injusto y que no valoro el trabajo de los alumnos. Abro la reseña y descubro que está copiada, letra a letra, de una conocida bitácora de literatura… Bienvenidos al futuro: el fraudulento exige más que el honesto”.

Son palabras de un profesor de Lengua, que a cualquiera que se dedique a este oficio le resultarán familiares. ¿Siempre ha sido así o, más que nunca, estamos permitiendo al alumno tramposo exigirnos más que al alumno esforzado? Pensemos en nuestros alumnos. Los hay educados, gamberros (hoy los llaman “disruptivos”), perseverantes, holgazanes, discretos, inoportunos, reivindicativos, resignados, líderes, gregarios… También nobles y fulleros. A estos los reconocemos enseguida, pero los otros suelen pasar desapercibidos. Aunque están. Y no siempre sabemos si están bien.

No es la primera vez que critico ciertas metodologías y soflamas pedagogistas que fomentan la inmediatez, la comodidad, la elusión de los obstáculos y el rechazo del esfuerzo personal, en detrimento del auténtico aprendizaje. Están a la orden del día: “el conocimiento está en Google”, “solamente se aprende aquello que te emociona”,“las notas no son más que números”…Y, mientras dedicamos tiempo a estas frases estúpidas y nos vanagloriamos de cómo atendemos a la “diversidad” de nuestros alumnos, “sin dejar atrás a nadie”, olvidamos a ciertos alumnos que no se tragan todo esto, alumnos que seguramente han respirado en casa un ambiente de respeto por el trabajo bien hecho o de curiosidad por saber, que te preguntarían muchas cosas en clase, pero miran a su alrededor y se preguntan quién los ha metido ahí (porque ellos son los “raros”, no lo duden). Y callan. No siempre se emocionan, ya han experimentado el placer de aprender, entienden que hay aprendizajes más divertidos y otros más tediosos y confían en que aprender les permitirá comprender mejor el mundo en el que viven y comprenderse mejor a sí mismos. No necesariamente son alumnos sobresalientes. Pero tienen inquietudes. Y puede que, a estos sí, los estemos dejando “atrás”. Porque no molestan. No hacen ruido. No interrumpen. Y porque no les mostramos aprecio. Tan obsesionados estamos con motivar al desmotivado que terminamos desmotivando al motivado. Hemos “blanqueado” al mal alumno, entendido este, no como el alumno poco capaz y mucho menos como el alumno con dificultades, sino como el alumno que no hace porque no quiere, que prefiere pedir que aportar, consciente de que aquí el que más vocifera, más atención recibe.

Los adolescentes de hoy no son peores que los de antes. Los adolescentes son adolescentes. Antes y ahora. Pero es posible que hace unos años este tipo de actitudes estuvieran peor vistas y que las estemos justificando sin reflexión sobre las circunstancias y los motivos en y por los que se repiten, con un resultado calamitoso para todos: para el que busca el atajo, porque no dejará de hacerlo después (y no siempre lo encontrará), y para el que no lo hace (porque estará en inferioridad de condiciones y probablemente sufrirá una enorme frustración). Les contaré algo:

Cierta mañana, en clase, nos encontrábamos escuchando alguna de las Cantigas de Alfonso X y hablando de cómo el Rey Sabio reunía cada noche a su corte para cantar una nueva pieza… De pronto, una alumna discreta, callada, casi taciturna, levantó la mano, sorprendentemente sin asomo de timidez, para preguntarme si pensaba hablarles de Carlos III el Noble, Rey de Navarra entre los siglos XIV y XV. Le contesté que no lo tenía previsto, a lo que respondió de inmediato y con rotundidad que la música fue para Calos III y para su padre, Carlos II, algo muy importante. Lo sabía porque había hecho con sus padres una visita cultural al Castillo de Olite y se lo habían explicado. Después de reconocerle que desconocía este asunto, me comprometí a estudiarloEn efecto, desde finales del siglo XIV tenemos constancia de ministriles que ejercían de amenizadores habituales en la Corte de Carlos II y de que, en tiempos de su padre, Carlos III, existía una sala en el Palacio Real de Olite reservada para el instrumento de moda ("la cambra de la arpa"). Entre los ministriles del Rey Noble, hubo un laudista, llamado Jourdana, y un tal Arnaut Guillem de Úrsula, ciego y tocador de cítara y viola de arco. Carlos III fue el primer rey navarro en contar con una capilla de chantres a su servicio. Hasta el Anonimus IV de Coussemaker dejaba entrever en su tratado "De mensuris et discantu" la existencia de una escuela de polifonía en Pamplona. Lo más llamativo es que, aunque Carlos II no parece que empleara chantres en su capilla, a finales de 1349 entró a su servicio un personaje ilustre que compuso para él (en mayo de 1356, cuando el rey fue hecho prisionero por parte del rey Juan II de Francia) su largo poema "Le Confort d´Ami", con el propósito de aliviar su cautiverio. Se llamaba... Guillaume de Machaut.

No hace falta que les diga que las observaciones de esta alumna recibieron miradas y medias sonrisas (comentarios despectivos no, pues saben bien mis alumnos que no los tolero), algún disimulado codazo al compañero de al lado y algún que otro gesto de perezosa displicencia. Pero la realidad es que esta alumna, que no era deslumbrante en mi asignatura, tenía afán de conocimientos, interés por cultivarse. Son estos alumnos los que hemos de cuidar como joyas de valor incalculable, mucho más allá de lo material. Porque están en tierra de nadie. No son los más inteligentes ni los menos capacitados. No son los que ponemos como modelo (¿está permitido poner a un alumno como modelo o habría represalias?) ni los que nos hacen el trabajo difícil. A menudo son introvertidos, pero tienen tantas o más necesidades emocionales como los demás. Se nos llena la boca hablando de “diversidad”, pero ¿tenemos a todos en cuenta? Continuamente se defiende un modelo educativo inclusivo, pero ¿no estamos excluyendo de facto al alumno curioso, al alumno que demuestra coraje intelectual y ambición de refinamiento? ¿Se han fijado en que la palabra “estudiante” ya apenas se utiliza? Pero no hay clasismo en ella, como alguna podría pensar. Todo lo contrario, pues estudiar, es decir, ejercitar el entendimiento, es algo que cualquiera puede hacer, en mayor o menor medida, si se lo propone. Su significado original es aún más hermoso. Estudiar es dedicarse con atención a algo, estar deseoso, realizarlo con afán. “Alumno”, sin embargo, que es mucho más común, sobre todo en su horripilante versión neutra (“alumnado”), se refería en principio al niño de pecho que (literalmente) tenía que ser alimentado, aunque más tarde pasó a hacerse extensivo al alimento intelectual. En cualquier caso, el “estudiante” no espera a ser alimentado, sino que busca alimento y nutrirse por sí mismo.

Decía Antonio Machado: “Qué difícil es, cuando todo baja, no bajar también”. Démosle la vuelta al pensamiento machadiano: si en un ambiente de escasa exigencia y desprecio al saber y la cultura, es difícil que los alumnos den lo mejor de sí mismos, reivindiquemos el conocimiento y aprovechémonos del tesoro que suponen estos chicos y chicas que quieren aprender y se molestan por aprender, esgrimiendo su buen hacer como detonador que provoque aliento en los alumnos desmotivados, para que estos traten de emular a quienes ya han descubierto lo apasionante que resulta saber cada día un poco más. Aplaudámosles porque, al igual que se contagia lo malo, se puede y se debe contagiar lo bueno. Que la mediocridad aspire a la excelencia y la desidia muestre sus vergüenzas ante el empeño y la voluntad. Hagámoslo por ellos y por todos, sin dejar, de verdad, atrás a nadie.

Alberto Royo. Profesor de Música en el IES Tierra Estella. Autor de: “Contra la nueva educación” (2016), “La sociedad gaseosa” (2017) y “Cuaderno de un profesor” (2019), todos ellos publicados por Plataforma Editorial.


Volaverunt

Es un placer presentar aquí este corto, que quiere reivindicar la figura de Francisco de Goya, ilustre aragonés y genio universal, a partir de la música compuesta por el compositor Constancio Hernáez, puesta en imágenes por el director de cine Juan Vicente Chuliá e interpretada y grabada por mí. Se trata de una pieza inspirada en los caprichos goyescos, que el autor me dedicó hace unos años y grabé en los Estudios Séptimo Cielo. Ha servido de fondo sonoro para este hermoso trabajo de Chuliá, que sirve de regalo adelantado de Reyes. Que lo disfruten.


Harry Potter, por la Agrupación Inestable del IES Tierra Estella

Aquí les dejo la felicitación navideña de este año, a cargo de mis queridos Inestables.

El paso del fenómeno mundial de K.J. Rowling a la gran pantalla requería una banda sonora a la altura. Así, se contactó con uno de los más grandes compositores de música para cine: John Williams (Star Wars, Indiana Jones, E.T., Tiburón, El Imperio del sol, Parque Jurásico…), quien, habitualmente, veía la película completa antes de comenzar a componer la banda sonora. Pero el productor de la primera película de la saga (“Harru Potter y la piedra filosofal”) quería de inmediato una melodía para empezar a promocionar la película y Williams, tras ver un pequeño avance de la cinta, ideó una música “liviana” para Hedwig, la lechuza de Harry, concibiéndola, no en un piano común, sino en una celesta, con connotaciones “celestiales” (mágicas, por lo tanto). El propio John Williams describió así la melodía: “Los pedales que tiene hacen sonar las notas como una campana difuminada, casi como una pluma de pájaro que está flotando”. Finalmente, este tema, en su primera versión, recuerda la celesta por medio de un sintetizador y ha quedado como un auténtico himno de la saga de Harry Potter.
En clase, hemos aprovechado el particular timbre de los carillones para la melodía de Hedwig y lo hemos acompañado con un teclado en sonido “vibráfono”, percusión (pandereta, triángilo, cajón, djembé, bongos), guitarras o ukeleles y otros instrumentos de láminas, como metalófonos y xilófonos bajos y metalófonos y xilófonos altos y soprano, que acompañan en obstinato a los demás.
Con la magia de Harry Potter, los alumnos de primer curso de la Agrupación Inestable del IES Tierra Estella quieren desearos una Feliz y Prudente Navidad y un Próspero 2021.
Alberto Royo
Profesor de música del IES Tierra Estella.



lunes, 7 de diciembre de 2020

Debate sobre la Ley Celaá


El Proyecto Audiovisual de crítica filosófica de la educación Sobre ruinas, tuvo a bien invitarme a un interesantísimo debate la Le Celaá. Fue un placer conversar con Laura Rodríguez, que moderó la charla, y con Olga García, Enrique Galindo, Rufino Salguero y Pedro Insua.

Dejo aquí la grabación:


viernes, 4 de diciembre de 2020

La Doctrina Procusto o la traición al pobre

La Asociación de Trabajadores de la Educación de La Guajira, en Colombia, me pidió un artículo sobre la enseñanza para su revista. Lo titulé La Doctrina Procusto o la traición al pobre.

Se puede leer aquí.




Sobre la Ley Celaá, en eldiario.es

Daniel Sánchez Caballero me pidió opinión sobre la LOMLOE para un reportaje en eldiario.es. Puede leerse aquí.




jueves, 12 de noviembre de 2020

Siente a un pobre en su pupitre. Tribuna en "El Mundo"

 


Siente a un pobre en su pupitre. Tribuna en "El Mundo"

 

«El futuro de millones de estudiantes en nuestro país depende de la educación pública, que ha sufrido durante años los recortes de la derecha. Este Gobierno trabaja por una escuela extraordinaria que les permita alcanzar sus metas con independencia de sus condiciones de origen», proclamaba recientemente en el Parlamento la peor ministra de Educación de la democracia (y miren que parecía difícil superar a Wert, pero ya dice el refranero que otro vendrá y bueno te hará).


No le falta razón a Celaá cuando asegura que de la educación pública depende el futuro de millones de estudiantes de nuestro país. Hasta podríamos decir que un país depende en gran medida de su educación pública. Y tiene también razón en que «la derecha» ha aplicado recortes con más entusiasmo que Eduardo Manostijeras. Pero, ay, en eso de que «este Gobierno trabaja por una escuela extraordinaria que les permita [a los alumnos] alcanzar sus metas con independencia de sus condiciones de origen», lo mismo tendríamos que recurrir al VAR, siquiera para comprobar si la ministra exteriorizaba mediante algún tic nervioso el enorme cinismo que encierra tal afirmación. O directamente le entraba esa risa floja que le entró cuando alguien le preguntó en rueda de prensa por su etapa docente y respondió que, jijijijí, «hacía ya mucho tiempo de eso».


En realidad, si volviésemos la vista atrás, constataríamos que nuestras ¿leyes? educativas son genéticamente socialistas, aunque todos los demás partidos las hayan asumido como propias, añadiendo solamente matices ideológico-folclóricos para que piense el incauto que defienden algo distinto cada uno -pero no cuela: LOGSE, LOE, LOMCE, LOMLOE… El mismo perro, con distinto collar. Así, desde el año 90, el PSOE lleva haciendo en la enseñanza exactamente lo contrario de lo que viene predicando. Y desprestigiar y desarmar la educación pública está feo si lo hace un conservador, pero que lo haga alguien que se dice progresista resulta desolador.


Pero no quiero que parezca que culpo a unos y exculpo a otros. Creo que es un error achacar a nadie en concreto la oscura intención (oscura de tenebrosa, no de confusa o ambigua) de idiotizar a la sociedad, pues parece probado que la clase política, sin excepciones, se encuentra cómoda en su continuada y ya tradicional labor de demolición de la enseñanza o, en el mejor de los casos, en la pasiva e indiferente observación de su ocaso. Pero, a pesar de que entre quienes dicen que nos gobiernan ya no quedan garantes de la escuela como ascensor social, la renuncia a esta aspiración por parte de un partido que ostenta la presidencia del país (junto con otro partido, también supuesto defensor de la clase trabajadora), y que incluye entre sus siglas la O de obrero, es algo que debería analizarse con detenimiento. No preguntaré, como Vargas Llosa, «en qué momento se jodió el Perú», sino «en qué momento el partido obrero dejó de defender al obrero», que seguramente coincidirá con el momento en el que la izquierda empezó a sentirse incómoda con palabras como esfuerzo, responsabilidad individual o exigencia, como si estas tres cualidades no fueran (aún) más esenciales para el pobre que para el rico.


Digamos con rotundidad a la ministra que ni siquiera en estos tiempos de emergencia, de pandemia, de necesidad, ha invertido en la enseñanza pública de manera decidida, honesta y racional (no, ministra, los ordenadores no cuentan como inversión racional). Digámosle que no disponemos de una «escuela extraordinaria» sino más bien ordinaria, corriente, vulgar… Y todo ello a pesar del esfuerzo de muchos profesores (no toda la Galia está ocupada) que no se escudan en las adversas circunstancias o en el ninguneo de la Administración para dejar de desempeñar su labor con tesón y seriedad, a pie de aula, día a día, y a pesar de que todavía quedan (porque quedan, y hasta brillan) alumnos esforzados (habitualmente con familias comprometidas detrás) que se resisten a ser enterrados en la mediocridad.


Digámosle, sobre todo, que una escuela que no antepone el conocimiento a todo lo demás, jamás servirá de ascensor social ni compensará desigualdades de partida. Digámosle que si contara con los profesores antes de tomar decisiones, y no con los gurús y supuestos expertos educativos que no han pasado ni un rato pequeño en una clase, esas decisiones serían mucho menos disparatadas. Digámosle que nuestros alumnos son mucho más capaces de lo que ella piensa, si se les trata como personas inteligentes y se les exige en la medida de sus posibilidades, si se es ambicioso y, como dijo Rubén Darío, se tiende hacia la altura, si se apuesta por el rigor y no por la compasión, por enseñar y no por entretener, por formar y no por custodiar.


Digámosle que si la escuela no procura cultura y saber, sólo los ricos podrán encontrarlo en otra parte, mientras los pobres quedarán relegados, lamentándose, no de la brecha digital, sino de la brecha cultural (y ni siquiera esa felicidad de saldo que algunos les prometen les consolará). Digámosle que la mejor manera de mejorar esta sociedad es mejorando la escuela y que una sociedad que no garantiza la igualdad de oportunidades (oportunidades de saber, no de estar) no es una sociedad sana, ni justa ni ejemplar. Digámosle que una ciudadanía iletrada no podrá ser crítica, ni empática, ni creativa, ni sensible, ni solidaria. Y digámosle, de paso, que dimita. ¿Que por qué ha de dimitir? Por mentir. Y por gestionar de forma hipócrita un Ministerio tan importante como el de Educación. Por alardear de defender al pobre y abocarlo, en la práctica, a la ignorancia.


Siente a un pobre en su mesa, rezaba la campaña publicitaria franquista que sirvió al genial Berlanga para el argumento de Plácido. Al igual que en Plácido se apelaba a la caridad cristiana, pero se perseguía limpiar las conciencias burguesas mediante la subasta caritativa de las Cocinas Cocinex (una especie de telemaratón en el que familias pudientes acogían a un indigente para la cena de Nochebuena), Celaá parece estar sugiriéndonos a los profesores que sentemos a un pobre en el pupitre. Y que le llenemos el estómago con aprobados y títulos. Conocimientos, mejor no, no sea que cuando el alumno pobre haya recibido su título o superado el curso (con todas las asignaturas suspendidas, si es necesario), se dé cuenta de que todo esto no es más que una eficaz, pero perversa, campaña de marketing.

 

Alberto Royo es profesor de Música en el IES Tierra Estella. Autor de: Contra la nueva educación (2016), La sociedad gaseosa (2017) y Cuaderno de un profesor (2019), todos ellos publicados por Plataforma Editorial.

Entrevista en La Razón

 

Entrevista en el periódico La Razón. Puede leerse aquí