Elogio de la equidistancia (VII). Monárquico o republicano.


 
En este país parece que uno está obligado a situarse en un extremo, sin vacilaciones, resuelto y firme en sus convicciones. No caben posturas matizadas ni dudas. Hay que ser monárquico y echar unas lagrimillas viendo lo monísimas que estaban las princesas Leonor y Sofía o partidario de echar a las Borbones a los leones de la forma que sea. Desde el punto de vista institucional, la pretendida "normalidad" se ha tratado de imponer. Y esa siempre es una mala estrategia. El mismo día de la proclamación de Felipe VI, la policía entró en algunos pisos para registrarlos porque habían colgado en los balcones banderas republicanas, en un gesto impropio de un país democrático. La respuesta de algunos en las redes sociales es inquietante "("a esta gente hay que responderle con violencia porque es lo único que entiende"). No son discutibles los abusos de la policía (mejor dicho, del Gobierno, a quien aquella tiene la obligación de obedecer) el día de la proclamación (a una señora que llevaba una bandera republicana le increpó un señor poco tolerante y la policía se llevó... a la señora), pero la respuesta de la sociedad ante estos excesos no puede ser la de animar a contestar de forma violenta. Matizo: sí puede, pero no debe.

Yo sí tengo dudas sobre el modelo de estado. No tengo al respecto una opinión inamovible. Y, además, me alegro de ello. La expondré a continuación anticipando que pretende ser mesurada pero no niega los prejuicios y el condicionamiento ideológico del que ninguno estamos a salvo.

Me siento republicano desde un punto de vista clásico, por así decirlo. Creo que un buen modelo de sociedad civil sería una república en la que la soberanía estuviera de verdad en manos de los ciudadanos, presidida por alguien que representara a todos y no solo a unos o solo a otros. Es la manera en que, en ocasiones, se ha desarrollado esta idea republicana, la que impide confiar a ciegas en el modelo. Si en España se diera la posibilidad de elegir, y yo sería partidario de que se diera, aunque reconozco que no es lo más urgente en las actuales circunstancias, habría que explicar muy bien qué modelos están en discusión y de qué manera se iban a desarrollar. Personalmente, Felipe VI no me produce excesivo rechazo, incluso no le tengo especial manía, pero encuentro fuera de tiempo, más que de lugar, el mantenimiento de una monarquía. Y más, teniendo en cuenta la campaña que se nos está endilgando y artículos como el publicado recientemente en el País (quién te ha visto y quién te ve) con el título "Leonor, niña y princesa", francamente sonrojante. Pero insisto, si se convocara un referéndum, habría que explicar claramente las alternativas para poder escoger con ciertas garantías porque lo que importa, en definitiva, es que el modelo resulte positivo, más que si nos gusta más o nos gusta menos (por ejemplo, si hablamos de bienestar, hay países con un alto nivel de desarrollo tanto con monarquías constitucionales como con repúblicas).

El debate no solo es legítimo, sino necesario, pero debe ser un debate racional y prudente. Entiendo que a algunas personas esta posición le puede parecer tibia, pero pienso que un poco de pragmatismo nunca bien mal. ¿Seguimos con Monarquía? Pues sigamos. No pienso echarme a la calle, aunque no sea partidario de la Corona. Solo espero, de momento poder encontrar aspectos positivos en el reinado que acaba de comenzar, que tanto Felipe VI como su familia sean tan ejemplares como ha asegurado el nuevo Rey que van a ser y que, por lo menos, no resten. Con las opiniones tan escoradas, tan desde las tripas, que vengo leyendo sobre esta cuestión, prefiero confiar en que este hombre no sea peor que los presidentes de algunas repúblicas y esperar a que llegue el momento de replantearnos la situación porque, por encima de modelos, todos ellos imperfectos, yo confío en determinados ideales con los que, ahora sí, sin titubeos, me identifico, ideales que, con todas las limitaciones, podrían ser compatibles con cualquier modelo de estado (democrático, se entiende): la instrucción pública como garante de la igualdad de oportunidades de acceso al conocimiento y de ascenso social, el pluralismo democrático real, la responsabilidad personal y la meritocracia, la búsqueda del convencimiento y no de la destrucción del contrario, es decir, lo que yo entiendo (y estoy seguro de que muchos otros también) como valores democráticos.

Comentarios

  1. No podría añadir más que esto: absolutamente de acuerdo.

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  2. Otro dato fundamental es este: cambiar de monarquía a república equivaldría a hacer borrón y cuenta nueva absolutos en nuestro ordenamiento legal: no sería decir cambio el rey por un presidente y lo demás lo dejo igual. Eso sería inviable, habría que cambiarlo todo a fondo, habría que hacer una nueva constitución. Es indudable que el país necesita grandes cambios, pero ¿conservamos el marco y les metemos mano a cosas importantes como la ley de partidos, la ley electoral, un nuevo pacto fiscal entre las autonomías, un nuevo marco laboral y otras que podrían cambiarse sin ponerlo todo patas arriba o emprendemos una nueva transición en la que lo cambiemos todo? ¿Qué sería lo más razonable y viable? ¿Cuántos apoyos conseguiría cada una de las posturas? España está metida en un lío muy importante, yo creo que una de las razones de la abdicación de Juan Carlos ha sido el temor a que, con él al mando, la monarquía no estuviese en condiciones de afrontarlo con garantías de subsistir.

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    1. De eso no tengo duda, Pablo, el propósito de la monarquía es la subsistencia.

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  3. Pero ese propósito lo comparte hasta con las amebas, Alberto. Y siendo más pertinentes con el contexto político en que se mueve esta conversación, con las dictaduras, también. ¿Servirá? Felipe VI goza de buena imagen, pero el régimen del que es piedra angular, está en severa crisis. Sabes que yo no estoy a favor del replanteamiento monarquía/república, pero, al contrario que hace pocos años, hoy ya lo vería razonable, porque aquí hay muchas cosas que mejorar, e importantes. Esto ya no se arregla con gestos, sino con arreglos efectivos y sustanciales que sería largo enumerar. Yo creo que, si el actual rey no se pone muy seriamente a esa tarea, la monarquía empezará a peligrar de verdad, a pesar de que sigo pensando que la Casa Real es quizás la más clarividente de las instituciones políticas del momento.

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