¿Por qué lo llaman formación cuando quieren decir...?


En mi artículo "El profesor devaluado" me referí al arrinconamiento de los contenidos académicos y disciplinares en los planes de formación del profesorado. Analizados todos los cursos que ofertaba el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra, solo el 16% de los mismos guardaba relación, siendo muy generoso en esta apreciación, con las diferentes disciplinas académicas. El 84% restante tenían que ver con competencias personales y sociales, idiomas y nuevas tecnologías. Entre las actividades, encontrábamos: "Coaching para el bienestar", "Focusing para docentes", "Taller de kinesología educativa", "Educación emocional, resiliencia y educación responsable", "Ciberbullying, grooming y sexting"... (el listado completo, en este otro artículo). Mi imprudente defensa de lo académico parece que resultó ofensiva para algunos, pues un colega me respondió mediante una carta al director en Diario de Navarra de la que hablé aquí.

Las mismas reflexiones que dejé escritas en este blog, las envié a la Sección de Formación y Calidad del Departamento. Puesto que ninguna de las respuestas recibidas me convenció, perseveré en mis intentos de hacer ver a la Administración que la oferta era cualquier cosa menos equilibrada. El penúltimo intento disuasorio, por parte de la Sección de Formación (y Calidad, que no se nos olvide) tuvo lugar ayer mismo. Alguien de esta sección (no sé quién, no hay forma de conseguir que firmen los correos) me explicó lo siguiente:

La Sección de Formación y Calidad tiene como uno de sus objetivos fundamentales proporcionar a los docentes navarros el acceso a la mejor formación para realizar su labor en las aulas. El plan de formación del profesorado (PFP) se elabora con el objetivo de mejorar las diferentes competencias docentes profesionales en las que, obviamente, se incluye la competencia de actualización científico-didáctica. A todos nos une el interés por proporcionar a nuestro profesorado la mejor formación permanente, por ello el PFP se elabora respetando y respondiendo a las necesidades que se recogen tras la detección de necesidades manifestadas por los centros educativos (formación institucional) y de sus equipos docentes (oferta individual). El PFP es un plan vivo en el que tienen cabida las formaciones que demanden nuestros compañeros/as, por ello nos despedimos agradeciendo su interés y valoraremos cuantas propuestas de formación consideren oportuno formularnos.

Lo primero que llama la atención del texto transcrito es la plena coincidencia entre el objetivo marcado por la Sección de Formación (aunque habla de "uno de los objetivos" sin decir cuáles son los "otros") y el que yo creo que debería ser, no sé si el único, pero seguro que sí el fundamental, de cualquier plan de formación: proporcionar al profesor el acceso a la mejor formación para realizar su labor en las aulas. Así, todo aquello que no redunde en una mejor praxis educativa, no debería caber. Esto, que parece tan evidente, choca frontalmente con la tendencia actual a considerar que el profesor debe ser un coach, un gurú espiritual o un consultor, pero lo cierto es que, como objetivo, sin entrar en interpretaciones, es irrebatible. A lo que sí podríamos poner pegas es a la obsesión pedagógica con las "competencias". Pero no voy a hacerlo porque sería entrar en otra discusión, probablemente muy larga, así que me quedo con dos afirmaciones. La primera: "el Plan de Formación se elabora respetando y respondiendo a las necesidades que se recogen tras la detección de necesidades manifestadas por los centros educativos (formación institucional) y de sus equipos docentes (oferta individual)". La segunda: "es un plan vivo en el que tienen cabida las formaciones que demanden nuestros compañeros/as". Después de esto, la persona que atendió mis reclamaciones se despedía, supongo que con el deseo de no volver a saber de mí.

¿Por qué las afirmaciones anteriores tienen trampa? Muy sencillo. Basta acudir a las "Instrucciones que van a regular, durante el curso 2014-2015, la organización y el funcionamiento de los centros docentes públicos" (Resolución 286/2014, de 25 de junio; BON 145 - 25 de julio de 2014 -instrucciones que nunca pasan por negociación sindical alguna-), en concreto al anexo II (centros de Secundaria Obligatoria y Bachillerato), apartado 1 (Plan de mejora del centro). Aquí podemos encontrar la clave de todo, pues el Plan de Mejora "prioriza" planes y programas, este año, por cierto, con una novedad que empeora la situación (para que luego digan que toda innovación es positiva) y que no es otra que la obligatoriedad de incluir "objetivos relacionados con: los resultados, tanto en las evaluaciones externas como internas; las educación en valores; el plan de convivencia; el plan de atención a la diversidad, el plan de acción tutorial y, en su caso, el programa de aprendizaje en lenguas extranjeras". Pero, además, la propia Resolución especifica que el contenido del Plan de Formación del centro "será establecido por el equipo directivo, después de recibir todas las propuestas del claustro" y "deberá atender prioritariamente a las necesidades derivadas del Plan de Mejora". O sea, que no solo es el equipo directivo el que decide (el claustro propone y el equipo directivo dispone -no es de extrañar que haya cursos como "Competencia organizativa y de los sistemas de calidad del centro" o "Coaching para el liderazgo de los equipos directivos"-), sino que, por si fuera poco, tendrán preferencia los cursos que estén relacionados con los planes de mejora que, como cualquiera imaginará, disciplinares, lo que se dice disciplinares, no suelen ser. Y esto, digámoslo sin tapujos, es lamentable. ¿Por qué razón un curso de coaching supone una "mejora" que no pueda proporcionar uno de Biología, Música o Literatura? ¿De qué mejora estamos hablando? ¿Por qué lo llaman formación cuando quieren decir...?

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