Yo he venido aquí a hablar de mi libro (II). Habemus prólogo


Ayer por la tarde recibí el prólogo que había pedido a alguien a quien admiro como a pocos, por su compromiso, su talento y su sencillez (tengo comprobada una teoría: la humildad escasea en los mediocres pero abunda en las personas brillantes y capaces porque estas son plenamente conscientes de que nadie se convierte en genio de la noche a la mañana). 

No desvelaré su nombre. Decía Buñuel que el misterio es “el elemento clave de toda obra de arte”. No sé si este libro encajará en el concepto “obra de arte”, pero si la RAE define “arte” como la “virtud, disposición y habilidad para hacer algo”, como la “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”, bien podemos forzar la cita (disposición tengo toda; sobre virtud y habilidad deberá opinar el lector) y admitirla. Al fin y al cabo, no pretendo otra cosa que la exposición pública de mi pensamiento y el intento, modesto pero entusiasta, de presentar batalla ante el acoso permanente de los anti-ilustrados. Mantengamos entonces la intriga. 


Para ilustrar musicalmente esta entrada y expresar la emoción que experimenté anoche al leerlo, qué mejor que una fanfarria: la Toccata de L´Orfeo de Monteverdi. Aquí queda.


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