Banderas de nuestros gobernantes. Del sentimiento trágico de la política



Me aburre el debate identitario. Me produce una terrible pereza discutir sobre banderas, himnos y símbolos. No mi interesa… hasta que se vulnera la legalidad o se nos toma por idiotas. Ahí ya me siento obligado a tomar partido.

Hoy ha sido el txupinazo. Comienzan las fiestas de San Fermín. Por la televisión, con los críos atentos a la pantalla, me sorprende (así soy de ingenuo) la presencia de la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. Sé que muchos no entenderán mi sorpresa (“se veía venir”, “te has caído de un guindo”, “¿qué esperabas?”), pero así ha sido. Esperaba, claramente de manera poco fundada, que el alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, demostrara, en esta su primera ocasión importante, que venía con la intención de ser el alcalde de todos, de fomentar ese mito patrio llamado pluralismo (versión política de la fraudulenta diversidad pedagógica), de corroborar esa imagen que a muchos (o algunos, qué sé yo) nos había transmitido de persona moderada, tolerante, abierta y sensata. Primera oportunidad perdida.

Decía al comienzo de este artículo que me aburre el debate identitario. Y es cierto. Soy poco patriota, lo reconozco. Ni me disgustan ni me emocionan especialmente los himnos. Bueno, excepto La Marsellesa en el contexto cinematográfico de Casablanca:  Víctor Laszlo pidiendo a la orquesta en el Café de Rick que toque La Marsellesa para silenciar el himno que cantan los oficiales alemanes; los presentes uniéndose al líder de la resistencia, poniéndose en pie y cantando cada vez más alto, apagando el himno alemán ante la sorpresa de los oficiales…no me emocionan, insisto, salvo excepciones como esta o el comienzo de “All you need is love” de los Beatles, pero parece que a los políticos les da buenos resultados su utilización y mangoneo.

La ikurriña, como todos saben, es la bandera oficial del País Vasco. Euskadi. Comunidad Autónoma Vasca. Como prefieran. Representa además un sentimiento vasquista, no necesariamente independentista, que parte de los navarros comparten. Negarlo, como ha venido haciendo UPN, es una necedad. Pretender que sea mayoritario, como hacen los nuevos gobernantes navarros, una torpeza y un peligroso flirteo con el fanatismo. Según el acuerdo programático para el gobierno de Navarra 2015-2019 suscrito entre Geroa Bai, EH-BILDU, Podemos e Izquierda-Ezquerra, uno de los objetivos es conseguir "una Navarra plural, abierta, euskaldun y orgullosa de sus dos lenguas, respetuosa con sus respectivas identidades, laica, social y solidaria". Me pregunto cómo se concilia la pretensión de que Navarra sea euskaldun con el respeto a quien no lo es, con la apertura y el orgullo por las dos lenguas, euskera y castellano... o Navarra es diversa o es euskaldun; o es diversa o es castellano-parlante. Y si es castellano-parlante y euskaldun, entonces ya es diversa. Me parece difícil que sea todo al mismo tiempo. Pero también me parece difícil que un gobierno o un partido se diga nacionalista y de izquierdas, así que seguramente el problema lo tenga yo. ¿Algún día se pensará en quienes no queremos ni prohibir ni imponer una lengua, en quienes entendemos que se puede ser de izquierdas sin ser independentista (es más, en quienes estamos convencidos de que no es posible ser independentista y de izquierdas), creyente sin querer que la religión invada la vida pública, solidario sin buscar una solidaridad de pega, rentable y sostenible (véase el neoconcepto de “emprendedor social”)?

Joseba Asirón, que días atrás había afirmado que respetaría la legalidad vigente, le “gustara más o menos”, ha justificado la presencia de las cinco banderas (europea, española, navarra, pamplonesa y vasca -a este paso algún día no van a caber tantas-) de la siguiente forma (descarto comentar la argumentación oficial de su partido, EH-BILDU, que afirmahaber colgado la ikurriña “en deferencia a tres parlamentarios que habían acudido desde el País Vasco” por intelectualmente ofensiva): “estas banderas”, decía Asirón, "representan a un sector mucho más amplio de la sociedad" y son "un símbolo de cambio".

Sr Asirón, oficialmente, la ikurriña solo representa a la comunidad vecina, no a esta. Sentimentalmente, es evidente que representa a una parte de la sociedad navarra y al conjunto de la sociedad vasca, tan evidente como que hay otra parte (no menor) de la sociedad navarra que no se siente representada por la bandera vasca. Pero esto es en realidad lo de menos. Lo importante es que un político no puede decidir en función de sentimientos más o menos bondadosos, sino de legalidad, respeto y sensatez. No le he votado a usted. No he votado tampoco al anterior alcalde ni a ningún otro candidato. Sin embargo, tenía ciertas esperanzas (inocente que es uno) de que un cambio en la alcaldía y en el gobierno de la comunidad pudieran ser positivos. Y en cualquier caso, lo que la ciudadanía vota "va a misa" (con perdón). Pero no me gustan, repito, ni las prohibiciones ni la imposiciones. Sí me gusta que se respete la ley. Y usted no lo ha hecho. Mal empezamos. Y sabía bien que no era legal colgar la ikurriña. Y no le ha importado porque lo que le importa, lo que le da réditos políticos, lo que contenta a su parroquia (como los otros, sí, como los otros haciendo lo contrario) es apelar al sentimiento. Pero también desde el punto de vista emocional (¡qué perra ha cogido todo el mundo con esto!) hace trampa porque los sentimientos de unos son diferentes de los de otros, porque hay quien se identifica con la ikurriña y quien se siente incómodo con ella. Y en estos usted no piensa.

Empieza a ser preocupante la postración de la política ante lo sentimental, lo emocional, lo visceral, lo irracional. Como en la vida cotidiana, cuando alguien se escuda en su gran espontaneidad, en el “es que yo soy así”, para faltar al respeto al otro. Pues señor mío, usted se creerá muy espontáneo pero es un maleducado y un pelmazo. Y en política, ocurre parecido.

Sr Asirón, déjese de sentimientos y gobierne para todos: para los que sienten lo mismo que usted, para los que no y para los que, en cuestión de banderas, ni sentimos ni padecemos.



Comentarios

  1. Me temo (y me parece que tú también) que lo de este Asirón con los sentimientos no ha sido postración, ha sido pretexto: con los sentimientos como excusa, ha puesto la bandera que a él POLÍTICAMENTE le interesaba; mal asunto: esto es entrar pidiendo guerra, en una órbita tan delicada que demuestra que este señor, además de arbitrario y además de caer en ese feo vicio de los nacionalistas de imponer su capricho particular en lo institucional de todos, por el hecho de haber querido hacerlo como de broma es un inepto que no se ha enterado de qué terreno pisa. La intrusión del nazionalismo vasco en Navarra ha sido fuente de tensiones, de división, de violencia y hasta de asesinatos, así que su abuso/patochada le desacredita y espero que las instituciones a que corresponda actúen seriamente contra este tartufo. Por lo demás, Alberto, yo también soy de los que creen que las banderas tampoco hay que tomárselas demasiado en serio, salvo con una excepción: que haya grupos o situaciones que nos obliguen a tener muy presente el valor de importantísimos símbolos que tienen. En España, como sabes, se da esa situación: los totalitarismos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco, con su sacralización insultante de sus banderas (el último ejemplo es este de hoy) y su desprecio más insultante aún de las ajenas (¿cuántas banderas españolas se han quemado en ceremonias nacionalistas? ¿Qué pasaría si un buen día alguien silbase a los himnos catalán o vasco en un Cataluña-Euskadi de esos que tanto lustre han dado a la historia del balompié?) se ha erigido como una fuerza amenazante, antidemocrática, autoritaria y violenta ante la que hay que pronunciarse con todos los signos incluidos himos y banderas. Lo peor que se puede hacer con esta gente es bajar la guardia; durante los 15 o 20 primeros años de la democracia ses hizo y lo hemos pagado carísimo.

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    1. Pablo, yo sigo confiando en que los hechos posteriores (pasada la primera ocasión que tenía este hombre de demostrar lo que aparenta) corroboren que, en efecto, quieren una Navarra plural. No confío demasiado después de lo de ayer porque en política los gestos son importantes y el de ayer fue (demasiado) significativo. Temo que la tensión vaya a más, especialmente en Pamplona. No parece que BILDU vaya a tener paciencia a la hora de enarbolar la ikurriña. Y UPN estará en la oposición con el cuchillo entre los dientes. El ambiente puede hacerse irrespirable. Yo, que no soy nacionalista, lamento mucho que este hombre no se haya dado cuenta de lo aleccionador que habría sido evitar una bandera que, por mucho que pueda representar el sentimiento vasquista de una parte de los navarros, no es oficial hoy en esta comunidad. Podía haber dicho perfectamente: "Señores, ya saben que soy independentista, pero ahora mismo estas son las banderas oficiales y yo debo dar ejemplo de respeto a la legalidad. Ojalá en el futuro ondeen las banderas con las que yo me identifico". Habría quedado como un señor. Excepto (y aquí puede estar la clave) con su militancia. Y es que de poco sirve que alguien quiere ser moderado si no se le deja. Esto, en el caso de que esta imagen de moderación se corresponda con su talante y no sea solamente estética. Pablo, yo creo que las banderas no deben tomarse en serio pero sí aceptar que reflejan una realidad institucional que nos gustará más o menos, pero es democrática. Cuando se pretende imponer un sentimiento que no tiene por qué ser compartido por todos (caso del "nacionalismo españolista", que lo hay) o cuando se pretende imponer una realidad que no es tal sino, como mucho, futurible -y siempre estaría por ver- (caso del los nacionalistas), es cuando se produce un choque que sería evitable si se tuviera más respeto por la ley y menos obsesión por el sentimiento. No sé si me he explicado bien. Un abrazo.

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