Crítica a Contra la nueva educación en Común sin sentido. De moscas y moscones



Alberto Secades reseña en su blog Contra la nueva educación, lo cual, antes que nada, agradezco desde aquí. Su valoración es positiva, aunque no del todo. Respecto a los elogios que dedica a mi libro, como el magnífico, dice, final, el planteamiento humanista de la educación o el estilo apasionado y divertido (presentado con gracia y saña, aunque no estoy seguro de si lo segundo es un piropo o un reproche) con que según Secades está escrito, no seré yo quien los rebata. Trataré de comentar, eso sí, aquellos puntos en los que discrepa de mi opinión o los pasajes que le llevan a considerar que el texto peca de inconsistencia en la tesis principal (la de que el conocimiento ha de ser “la base de la enseñanza”), no porque piense que deba defenderme, pues una crítica no es un ataque sino una opinión de la que poder aprender, sino porque quizás algunas aclaraciones puedan enriquecer un debate que es precisamente lo que busca este libro, pues de todos es conocido que el discurso hoy, en materia pedagógica, es uno y trino (felicidad, ignorancia y consumismo). Comencemos:

Parte I

Royo cree que puede contribuir, además de en su labor docente, defendiendo un modelo de educación consolidado en la experiencia, evitando las innovaciones innecesarias o carentes de una mínima cautela. En su estrategia - el título así lo delata- ha preferido cargar contra aquellos a los que considera desacertados, por su metodología, su retórica  sus objetivos” (…) En su itinerario encuentra proyectos que trata de desarmar en el libro (…) No queda muy claro cuál es el método seleccionado para elegir adversarios. Transmite la sensación de que se los encuentra, porque ha coincidido con ellos, por leer una entrevista en el periódico o escuchar una charla radiofónica. No parece que haya habido una búsqueda de aquellos autores de referencia, que resulten pertinentes y a los que se deba presentar batalla. Como el manchego, se enfrente a los molinos que va encontrando en su discurrir (…) Quizás resulte pobre comparar la lista de los que critica con la de aquellos que elogia.

Puntualizaciones a la Parte I:

No es mi deseo "cargar" contra nadie. Y desde luego nunca en el plano personal. Defiendo mi manera de entender un oficio vilipendiado por los planteamientos de quienes (en el libro) son objeto de crítica y lo hago (o lo intento) partiendo de los dogmas que mayor difusión están teniendo en los foros de discusión educativa y en los medios de comunicación, al menos durante el período en que mi interés ha estado centrado en analizar estas supuestas novedades, innovaciones y metodologías revolucionarias. Ese es, por cierto, el “método seleccionado para elegir adversarios”: su popularidad, su presencia y peso creciente en la "pasarela" de tendencias pedagógicas. No solo es este el criterio, sino también la idea que condiciona la propia estructura del libro, que comienza justificando tal aventura y contextualizando mi posicionamiento, para diseccionar después las diferentes metodologías, buscar una (sincera) conciliación con la verdadera didáctica de la enseñanza, defender luego el servicio público por convencimiento ideológico y concluir de la manera menos pesimista de la que uno es capaz. Sean molinos o gigantes, que esto, supongo, es opinable, así surge este afán por desfacer agravios y enderezar entuertos. Que la lista de aquellos a quienes critico sea considerablemente más reducida que la de aquellos a quienes elogio dice menos en favor de la realidad que de mi capacidad de discernimiento. Los primeros, me temo, son Legión.

Parte II

“Ningún alumno de guitarra podrá aprender a tocarla si no la tiene en sus manos y, después de conocer, se pone a trastear con ella”.

No veo nada  en mi libro que pueda indicar que discuto la necesidad de que la práctica complemente la teoría. Como guitarrista, estoy seguro de que solo por medio del instrumento puedo evidenciar lo que sé (sería absurdo opinar lo contrario). Ahora bien (y esto va por las metodologías “learning by doing”), que mi guitarra sea -obviamente- imprescindible cuando ofrezco un concierto no significa que yo sí sea prescindible, puesto que ella sola, sin mis manos, mis conocimientos y mi musicalidad, poco éxito interpretativo podrá garantizar. Nadie niega las bondades de la práctica. Son otros los que niegan (que ya es negar) que debe ponerse en práctica "algo", para lo que se requieren conocimientos, y apuestan por aprender sobre la marcha, como si un músico de jazz fuera capaz de improvisar sin antes haber estudiado. 

Parte III

“Al ocuparse de desarmar los argumentos de tantos sujetos que, en su mayoría, no son más que chisgarabís, Alberto emplea una estrategia que centra el foco en un lugar inapropiado. Y lo digo con el mayor de los respetos, porque sé que Alberto podría detenerse en elaborar una metodología didáctica (…) que mostrara su utilidad para conseguir el noble propósito al que se dedica, el de formar personas”.

Que alguien sea un chisgarabís no implica que no sea un peligro. De hecho, tenemos ejemplos a cientos de personas con poco juicio pero importante influencia en el ámbito educativo. Si merecen o no "tanto esfuerzo" es, como casi todo, discutible. Puede que no, por el poco fuste de algunas de las propuestas. Sin embargo, insisto, no se trata tanto del nivel del contrincante como de la autoridad que desde algunos sectores se le concede, lo que incrementa la amenaza y me hace salir al paso porque, al contrario de lo que Secades apunta, no siempre algunos se desenmascaran al instante. Hay que "ayudar" un poco.

En cuanto a la elaboración de una "metodología didáctica", este libro está enfocado más como una defensa “ante” que como una defensa “de”, pese a que el subtítulo deja claro (o eso espero) que la disidencia implica reivindicación de valores perdidos y en diferentes momentos del texto se contrapone lo que no me gusta y lo que me gustaría, lo que se hace y lo que pienso debería hacerse, lo que "está de moda" y lo que se desprecia. No solo no era el propósito del libro "elaborar una metodología didáctica" sino que dudo que sea posible confeccionar una metodología que pueda ser transmisible o servir como modelo. La metodología de un docente es propia, flexible y en continua renovación y adaptación. Tiene que ver tanto con su formación como con su personalidad y, sobre todo, con su experiencia en el ejercicio de la enseñanza y su capacidad de reflexión. Por fin, creo que lo que son moscas para Alberto (Secades) -y, según él, trato "a cañonazos", a mí me parecen moscones y de los gordos, pese a su apariencia, a veces, afable y tolerante. De ahí que cuando uno cuestiona sus ¿teorías?, la reacción acostumbra a ser furibunda.

En cualquier caso, bienvenida sea esta crítica, que vuelvo a agradecer a mi tocayo. Y ahora, si no les importa, daré espuelas a Rocinante y seguiré, en fiera y desigual batalla.

Comentarios

  1. Como acostumbra, Montaigne se muestra apropiado. Surge presto para ayudarme a entender:

    "Cuando me llevan la contraria, despiertan mi atención, no mi cólera; me ofrezco a quien me contradice, que me instruye. La causa de la verdad debería ser la causa común de uno y otro".

    El mérito del caballero no fue que resultara victorioso en sus lides, ni siquiera que identificara con propiedad a sus enemigos; su verdadero mérito era que se atrevió a afrontar las dificultades que le surgieran, que se armó para luchar.

    En ese sentido, tan poco común, eres aventurero. Te deseo ventura, porque, en efecto, no todos tus adversarios son chisgarabís. Y, aún siéndolo, cuentan con el beneplácito de los que ostentan el poder, los que determinan los planes, los que asignan recursos; esos sujetos ignorantes y necios que, olvidando que no es su dinero (y que no se trata de gaseosa) se lanzan sin medida a la experimentación.

    No con mis hijos, hay que decir claro y fuerte, como bien haces en tu libro.

    Gracias.

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    1. Gracias a ti, Alberto. Y a Montaigne, desde luego. Un abrazo

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