Derecho a aprender y derecho a enseñar


La advertencia de la Asociación de Profesores de Secundaria sobre la necesidad de proteger al profesor en su importante labor ha devuelto a la primera línea de actualidad la situación de indefensión en que se encuentran más docentes de los que se piensa. Parece que todos los grupos parlamentarios están dispuestos a abordar la cuestión. Sin embargo, soy tan escéptico en esta cuestión como cuando oigo hablar de consenso y pacto educativo. Por tres motivos:

El primero, que no tengo nada claro que todos entiendan correctamente el significado de la palabra "autoridad". Basta leer cómo la portavoz de Podemos en Navarra la confundía con "autoritarismo" (y no es la primera persona que lo hace).

El segundo motivo es que temo que no estemos dándole a este tema la importancia que merece. Recientemente, un alto cargo del Departamento decía que las agresiones son "pocas" y que ni son "constantes" ni "continuadas". Con acierto, el periodista le replicaba que "un solo caso ya parece demasiado", a lo que asentía el Director General, pero insistiendo en que no creía que hubiera "un gran problema por debajo". Nadie diría que los casos de violencia de género son "pocos" o que no son "constantes" ni "continuados". Y no tengo ninguna duda de que al Director General le parece inadmisible que se agreda a un docente. Pero sus palabras reflejan la poca trascendencia que se le da a que un profesor sufra este tipo de situaciones, como si entraran en el sueldo, como si debieran ser admitidas como gajes del oficio, como si el hecho de no ser "muchos" casos (no sé si treinta y nueve avisos este curso, a los que habría que sumar las agresiones que no han sido comunicadas, pueden considerarse "pocos" o "muchos") restara gravedad a lo que está ocurriendo.

La tercera causa de mi desconfianza es que tampoco estoy seguro de que seamos conscientes de las distintas tipologías de boicot a la tarea del docente que se producen dentro de un aula. Cuando un alumno acosa o agrede a un profesor está atentando contra su dignidad personal. Pero, sin llegar a estos extremos, un alumno puede dificultar, por medios menos estridentes, que un profesional desarrolle con normalidad su trabajo. Y esto supone no solo impedir su derecho al ejercicio de la docencia sino el derecho del resto de los alumnos a aprender.

Podemos debatir sobre las causas sociológicas del deterioro de la conducta de nuestros alumnos o sobre cómo ponerle remedio. Pero será una discusión estéril si no entendemos que la solución no pasa (o no solo) por medidas "preventivas" como las anunciadas por el Consejero de Educación ("mediación" y "comisiones y cursos de convivencia") sino por garantizar que los actos de cada cual tendrán sus consecuencias, unas consecuencias que, como expuso con lucidez el Catedrático Tomás Yerro hace pocas fechas en Diario de Navarra, han de ser "ejemplarizantes por su prontitud" y "proporcionales a su naturaleza". Mucho se habla de la educación emocional y las habilidades sociales, pero poco de aquellos valores tan esenciales en la formación humana de nuestros alumnos como es la responsabilidad individual. Y no es posible transmitir estos valores si eliminamos las consecuencias que se derivan de la libertad de cada cual para tomar decisiones y actuar. Tampoco si pretendemos encontrar la solución a los problemas desde lo estético y lo políticamente correcto.

Comentarios

  1. Educar en la libertad de pensamiento es una imperiosa necesidad, pero es más complicado hacerlo así que obligarlos por la obediencia.

    Es una balanza: en uno de los brazos está la libertad de decidir y en el otro se coloca afrontar las consecuencias de los actos. Cuanta mayor libertad se tenga, mayor es la responsabilidad. Eso es lo que lo hace tan complejo.

    Y, por descontado, no vale hacer trampas acortando sólo uno de los brazos de la balanza; eso implicaría desplazar el fulcro.

    Gracias

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  2. Por supuesto estoy de acuerdo contigo Alberto Royo, la sociedad y la mayoría del profesorado ve como natural una clase de la eso sea un suplicio por la falta de respeto al profesor, consentida por las directivas con el slogan progresista "prevalece el derecho a la educación del alumno o no sabes hacerte con la clase”, y se consuela con "esto va en el sueldo”.

    Me gustaría hacer mención a la inmensa cantidad de profesores que nada más cumplir los sesenta años se jubila. Salvo algunos casos justificados por motivos de salud la mayoría lo hacen para huir de las clases pues reconocen en privado no son clases sino un escenario de lucha y la labor es más parecida a la un funcionario de prisiones, profesión que por supuesto me merece el mayor respeto.

    Con el sistema educativo de EGB y BUP no pasaba esto, luego algo perverso se originó con la implantación de la LOGSE, LOE y LOMCE, que como tu bien dices son muy parecidas por no decir igual de nefastas.

    Triste, muy triste que un trabajo era muy gratificante se haya convertido en algo hay que dejar por la situación de las clases, más parecidas a un manicomio que a un sitio donde aprender y enseñar.

    Gracias Alberto por seguir luchando….

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    1. A ti por el comentario. Un saludo.

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    2. Dices que la labor del profesor es parecida a la de un funcionario de prisiones.
      Los funcionarios de este cuerpo cobran un sueldo mayor que el de los docentes (por la supuesta mayor peligrosidad del trabajo).
      En su desempeño diario están protegidos por rejas,cámaras y personal de seguridad que poeta armas.
      Si un recluso le falta al respeto y le agrede se le reduce y se le castiga. El funcionario no es amonestado por el inspector ni tiene que conceder una tutoría a los padres para que a su vez le falten al respeto y le agredan.
      Los reclusos saben que si se portan mal su condena será más larga y en peores condiciones. Al funcionario si es agredido no se le reprocharà que no sabe hacerse respetar.
      Ojalá los docentes tuvieran las condiciones de los funcionarios de prisiones.

      Pilar

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  3. Coincido plenamente con los comentarios precedentes y creo que el problema de la responsabilidad individual y el saber estar son claves para entender el porqué de determinados comportamientos en el aula que no deberían existir

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