lunes, 19 de septiembre de 2016

La razón de la sinrazón. Malditos exámenes


Sobre los nueve años comencé a estudiar guitarra. Desde crío me acostumbré a tocar en público, en audiciones que se organizaban desde el propio conservatorio o en cursos de verano. La inconsciencia de cuando eres niño hacía que no  pasara por mi cabeza la posibilidad de tropezarme, dar una nota falsa, romperme una uña u olvidar algún pasaje. Con el tiempo, fui siendo más consciente y la responsabilidad hizo que apareciera cierta preocupación natural (y necesaria para no bajar la guardia), pero el hecho de haberme habituado a interpretar música para los demás me permitió aprender a sobreponerme a la inseguridad, a controlar la situación y disfrutar de algo tan hermoso como tocar música. Incluso he llegado a tocar mejor con público que sin él, pues el reto es mayor que cuando uno practica en casa.

Cuando leo que un señor llamado Sugata Mitra dice en El País que los exámenes "ya no sirven" porque los muchachos los perciben "como una amenaza" recuerdo a algunos de mis compañeros en el conservatorio que también percibían como una amenaza las audiciones de final de curso (no era mi caso, como ya he dicho). No todos los alumnos con los que coincidí han conseguido curtirse lo suficiente como para superar el miedo escénico. Algunos dejaron la música, otros se dedicaron a facetas con menor exposición (o, más bien, diferente exposición). Incluso hay quien lo pasó mal (aunque estoy seguro de que no le han quedado secuelas). Esto es lógico, pues todos tenemos diferentes personalidades y estamos más o menos predispuestos  a según qué actividades. Hasta me atrevería a contravenir a la oficialidad y afirmar que no todos tenemos talento ni lo tenemos para lo mismo. A lo que iba: si se hubieran suprimido esas audiciones, tampoco quienes hemos desarrollado después actividad concertística habríamos podido hacerlo porque se nos habría hurtado el derecho a afrontar la exigencia y superar los obstáculos. Y no creo que haya sido injusto para nadie. Según Sugata Mitra, si los alumnos perciben como una amenaza los exámenes, la solución no pasa por hacerles ver que un examen es un desafío, un acto de superación, que sirve para que uno compruebe si ha aprendido lo que debería haber aprendido, para sentirse satisfecho o redoblar esfuerzos, como los deportistas que compiten en los Juegos Olímpicos aunque no todos se llevan medalla, por el hecho de enfrentarse a uno mismo, de calibrar sus posibilidades. No, para Sugata Mitra la solución es eliminar los exámenes. Si un alumno no se atreve a superar un obstáculo, quitemos el obstáculo. Retiremos las vallas en el salto de vallas, que abandonen los porteros las porterías para no intimidar a los jugadores y que no haya red en el tenis ni público en los conciertos. Eso sí, los profesores tenemos que educar. ¿¿Cómo, si evitamos que los alumnos tropiecen??

Estoy preocupado. Cada vez más, los medios de comunicación se hacen eco de propuestas a cual más insensata (y lo que es peor: las tratan como si fueran serias). Se acumulan de tal manera que no es posible dar la réplica a todas. Los deberes, los exámenes, el esfuerzo, el trabajo individual, la voluntad... todo lo que uno cree imprescindible para aprender es denostado. Estamos ante la razón de la sinrazón. Pero no podemos claudicar. Los cuerdos somos nosotros. Podrán seguir difundiendo disparates, pero nadie aprende si no se equivoca. Y para equivocarse ha de ponerse a prueba a sí mismo, sobre todo si tiene dificultades, sobre todo si tiene inseguridad. Es una cuestión de exigencia (ex -hacia fuera- agere -mover, actuar-) y de responsabilidad: si un alumno no ha alcanzado aún el nivel de madurez que le lleve a este convencimiento, es el adulto (en este caso, el docente) el que debe hacérselo ver. Lo contrario, eludir las dificultades para evitar que el alumno "no se sienta amenazado" no es enseñar. Yo a eso lo llamo estafar.

9 comentarios:

  1. Muy de acuerdo. De hecho, entender que educar es "preparar a los niños para desenvolverse en un mundo adulto", es, también, prepararles para superar los obstáculos (alcanzables, a su medida) que se vayan encontrando y desarrollar así un grado creciente de autonomía.

    La estafa de allanar las dificultades les llevará a no madurar nunca.

    Gracias.

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    1. A ti por el comentario. Me alegra que estemos de acuerdo.

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  2. Gracias por tu artículo.
    ¡Más claro, agua!

    Hace más de 30 años que doy clase en secundaria y bachillerato y creo que no hay que olvidar que mucho profesorado se siente más cómodo en un ambiente mediocre y poco exigente..., y si puede disfraz sus carencias de virtud,¡Bingo!

    Hay mucho jeta disfrazado de innovador superguay...

    José

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  3. Completamente de acuerdo con lo que habéis mencionado. Se trata de convertir a la escuela en un nuevo espacio de ocio y felicidad. Pero ¿con qué fin? Ninguno bueno se me ocurre

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  4. Muy interesante el artículo, Alberto. Los 'gurús' como Sugata Mitra se multiplican cada vez más...

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