jueves, 9 de mayo de 2013

Adiós, ciudadanos



Aunque la escena que más se cita de “Esta tierra es mía”, la película de Jean Renior, es el monólogo del gran Charles Laughton durante el juicio, en el que denuncia la hipocresía de los comerciantes que se enriquecen con la guerra y el mercado negro y llama a la resistencia activa contra la ocupación, mi  preferida es la escena final en la que  Albert Lory, el maestro, lee a sus alumnos varios artículos de la Declaración de los Derechos del Hombre antes de ser detenido por los alemanes.

Me temo que ya no daré más clases. No sé cuánto tiempo me queda aún. Como la lección de hoy será muy breve, he querido elegir un buen libro. Uno que me prestó el Profesor Sorel. No lo quemaron como los otros porque lo escondí en mi casa y así lo salvé del fuego. Todo lo que vais a oír ahora es algo que escribieron grandes hombres. Fue escrito en una noche de entusiasmo hace ya mucho tiempo: ciento cincuenta años. Eran hombres de diferente condición. Los había prósperos y muy pobres. Religiosos, comerciantes...Y no entraron en polémica. Se pusieron de acuerdo en aquella noche maravillosa. Otros hombres querrán destruir este libro. Es posible que acabe en el fuego pero no lo borrarán de la memoria. Vosotros lo recordaréis siempre. Y de ahí vuestra enorme importancia. Sois el nuevo país. Declaración de los Derechos del Hombre. Artículo primero: Todos los hombres nacen y permanecen libres con los mismos derechos (...).

Bien, he de irme. No por perjudicar a la sociedad que sois vosotros, sino porque perjudico a la tiranía (…). 

Adiós, ciudadanos.



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