Las recetas de José Antonio Marina o "no soy más listo por no molestar".



Ya decía Gregorio Luri que el conocimiento es un bien preciado precisamente porque es escaso. Si, para colmo, José Antonio Marina acumula casi todo, las esperanzas que pudieran quedarnos al resto de seres humanos de alcanzar siquiera un nivel intelectual digno se reducen considerablemente, tal es la capacidad del Sabio Marina. Ahora, que también les digo que tiene que ser mucha responsabilidad que Risto Mejide (ese que estaba de jurado en Operación Triunfo) te considere "una de las mentes más brillantes de nuestro país" y que tanto prestigio ("¡cuánto pesa la corona!", que decía Nicholson/Costello en "The Department") no debe ser fácil de sobrellevar. Total, que el prestigiosisísimo Marina, filósofo, escritor, pedagogo, conferenciante, investigador, empresario, floricultor y catedrático de instituto en excedencia, aseguraba, en una reciente entrevista,  tener la solución a los males de nuestro sistema educativo y prometía que, si le hicieran caso a él, en un pispás lo arreglaba y lo dejaba tan chulo que no lo reconocía ni el pedagogo que lo creó.

Antes de desvelar cuál es la clave de la cura milagrosa para nuestra desmejorada enseñanza pública, el Doctor Honoris Causa aportaba como clave científica (pueden verlo en el vídeo del programa) la experiencia del "experimento del pastelito" y se lamentaba, como abuelo, porque a su "nieto de siete años le iban a hacer estudiar análisis de las estructuras sintácticas". Después de estos dos gags, que contaron con la complicidad de un embelesado Risto, y de algunos comentarios de este que no venían muy a cuento sobre por qué quería para su hijo un centro "concertado, laico y trilingüe" (vaya cacao tiene el muchacho), llegó la hora de la verdad. Marina se ponía (más) solemne y afirmaba, convencido, que él sabía cómo "convertir nuestro sistema educativo", que es "mediocre", en un "sistema de alto rendimiento", en "un plazo de entre tres y cinco años". ¿Cómo? Pues "formando a grandes equipos directivos de los centros" y (verán qué sorpresa se llevan) "formando mejor a los profesores" porque están "muy mal formados y ellos mismos se quejan de ello".

En fin, no voy a extenderme esta vez. Si lo dice Marina, ¿quién soy yo para cuestionarlo? ¿qué puedo decir? Solo gracias, estimado colega, por aprovechar cualquier momento para salir en auxilio del profesor y de nuestro oficio. Remando todos en la misma dirección, seguro que recuperaremos el prestigio de antaño. Gracias de nuevo y que sigan los éxitos filosóficos, literarios, pedagógicos, comunicativos, empresariales y florales.
 
PD: Si prefiere no ayudarnos más, también lo entenderemos.

Comentarios

  1. Ya lo decían los clásicos: Parturient montes, nascetur ridiculus mus...

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  2. Otro desertor de la tiza que ha visto es más lucrativo ser un experto en todo y en especial en cuestiones pedagógicas que el sueldo de profesor, es decir, UN OPORTUNISTA.
    Imagino esos grandes equipos directivos tendrían un “líder innovador” que dirían en ESADE o CUNEF.

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    1. Los parásitos oportunistas son los más peligrosos. Causan infecciones con mayor frecuencia o con mayor gravedad en individuos en estado de inmunodeficiencia o inmunosupresión, o sea, profes vulnerables (los de S.P.T,. por ejemplo).

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  3. Efectivamente, Alberto, también lo entenderemos... ¡y no vea cómo se lo agradeceríamos! Suerte tiene este sujeto de no vivir en la Edad Media (a pesar del empeño que en tan alto logro están poniendo los gobernantes actuales) porque entonces tenían bien claro que no hay peor cosa que un converso. Digo yo que este le vendría muy bien pasarse este fin de semana por unas jornadas educativas que yo me sé a ver si se le pegaba un poco de erudición de la buena (que la suya parece haber resultado vampirizada por el ministro de apellido impronunciable).

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    1. Oye, le invitamos...¿no? Aunque me da que tendrá algún compromiso...

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