¡Tenemos un profesor! El Milenarismo educativo


Todos recordarán la desternillante escena de la bruja en la película "Los caballeros de la mesa cuadrada". Puesto que es memorable, la transcribo a continuación:

Campesinos: - ¡Tenemos una bruja! ¡Tenemos una bruja! ¡Tenemos una bruja! Hemos encontrado una bruja. ¿Podemos quemarla?
Caballero que suelta una paloma con un coco atado a una pata: - ¿Cómo sabéis que es una bruja?
Turba: - ¡Parece una bruja!
Personaje que aparentemente ejerce de líder de la masa: - ¡Porque se le nota! ¿No lo veis?
Caballero: - Pues traédmela.
Mujer acusada: - ¡No soy una bruja! ¡No soy una bruja!
Caballero: - Es verdad. Estás vestida de bruja.
Acusada: - ¡Ellos me vistieron así! Y esta no es mi nariz. Es postiza.
Caballero: - ¿Y bien?
- Líder de la masa: - Bueno...le pusimos la nariz...
- Caballero: - ¿La nariz?
- Líder de la masa: - ... y el sombrero... ¡Pero es una bruja!
Caballero: - ¿La habéis vestido vosotros así?
Campesinos: - ¡No! ¡No! ¡Sí! ¡Un poco! Pero... ¡tiene una verruga!
Caballero: - ¿Y por qué creéis que es una bruja?
Campesino con aspecto normal: - Porque a mí me convirtió en grullo.
Caballero: - ¿En grillo?
Campesino con aspecto normal: - Y mejoré.
Turba: ¡Hay que quemarla!
Caballero: - Hay diversas formas de saber si es una bruja. Decidme, ¿qué se hace con las brujas?
Campesino: - ¡Quemarlas!
Caballero: - ¿Y qué otra cosa se quema aparte de las brujas?
Campesino exaltado (más): - ¡Más brujas!
Caballero: - ¿por qué arden las brujas?
Campesino: - ¿Porque están hechas de madera?
Caballero: - Exacto, exacto... ¿Y cómo se puede saber si están hechas de madera?
Campesino: - Haciendo un puente con ella.
Caballero: - Ah, pero ¿es que no se puede hacer también los puentes de piedra?
Campesinos: Silencio (pensativos).
Caballero:  - Y la madera, ¿se hunde en el agua?
Campesinos: - No, flota... ¡¡tirémosla al pantando!!
Caballero: - ¿Y qué más cosas flotan en el agua?
Campesinos, uno tras otro:
- ¡El pan!
- ¡Las manzanas!
- ¡Piedras pequeñas!
- ¡Un cuchillo!
- ¡La salsa verde!
-  ¡Un grillo!
Caballero: - ¡No, no!
Nuevo personaje (otro caballero) que entra en escena (solemne): - Un ganso.
Caballero primero: Exacto. Entonces...
Campesino (continúa la deducción del caballero): - ... si pesa lo mismo que un ganso... está hecha de madera...
Caballero primero (sigue): - ... y por lo tanto...
Campesino y todos los demás: - ...¡es una bruja! ¡Una bruja! ¡ya lo decía yo!
Caballero primero: Bien, probemos mi balanza.
Turba: ¡A la balanza! ¡ A la balanza!

[Una vez en la balanza, se comprueba que pesan lo mismo y la mujer disfrazada de bruja es llevada a la hoguera].

Últimamente, en materia educativa, cada noticia que conocemos nos plantea una duda inquietante. No, no tiene que ver con si fue antes el huevo o la gallina sino con si las decisiones que afectan a la enseñanza se toman antes de ser parodiadas o surgen después de la caricatura, inspiradas incluso por esta. Así, uno no puede evitar pensar (aunque quizás, ingenuamente, tenga una idea en exceso elevada sobre el gusto cinéfilo nuestros mandamases educativos) si el lumbreras del Ministerio de Educación al que se le ha ocurrido pedir a los docentes un certificado que acredite, para entendernos, que no entran dentro del perfil (¿del siglo XXI?) "profesor-pederasta", no lo habrá hecho en homenaje a nuestros queridos Monty Python.

No pensaba escribir sobre este asunto, pues ya ha sido tratado por dos buenos amigos, aquí y aquí. Por lo tanto, mi participación al respecto consiste en recomendar los dos artículos, añadir la referencia, siempre pertinente, de los Monty Python, y posicionarme en contra de la penúltima andana contra el ¿prestigio? del profesor, entendiendo perfectamente las puntualizaciones de otro buen amigo, que en su "garita" (lean los comentarios) manifestaba sus dudas razonables y razonadas sobre la intención "criminalizadora" que algunos hemos visto en la medida, por ser un requisito exigible solo a quienes quieran acceder a la función pública docente. Debo decir que me parece muy defendible esta postura y que es probable que tenga razón. Sin embargo, yo me inclino a barruntar mala fe e intención de emponzoñar. ¿Por qué? Pues sencillamente porque a estas alturas no tengo razones para confiar en que se legisle con el fin de respaldar al docente sino, más bien, motivos para sospechar que se hace con el propósito de debilitarnos más (si cabe). Despojados de autoridad intelectual, cuestionados como depositarios del conocimiento (que hoy está, COMO TODO EL MUNDO SABE) en "la internete", reconvertidos (o a punto de caramelo) en "otra cosa" distinta de lo que tradicionalmente (supongo que a estas horas se puede decir "tradicionalmente" sin exponerse a sanción) ha sido un profesor... solo nos queda esperar que un día alguien nos disfrace de maestro y nos conduzca al patíbulo... o a la hoguera. ¡Tenemos un profesor!, gritará la muchedumbre enfervorizada. Si además es funcionario, ni les cuento. Llámenme exagerado, si quieren. Pero el Milenarismo educativo... va a chegaaaar.



Comentarios

  1. Bueno, Alberto, este artículo tuyo tiene (no es ni mucho menos el primero) la virtud de presentar tus posturas y las que están en desacuerdo, como es en este caso la mía. Me perdonarás que me permita, para no andar obligando a la gente a andar en tediosos rastreos en otros blogs, incluir aquí lo que ya les he dicho a Xavier y a Manuel:
    “Hola, Xavier y restantes amigos. Como este asunto ya salió en algunos comentarios de mi artículo "Para profesores buenos, los del futuro, los demás son todos una..." y allí sostuve que esta medida no era condenable, creo que por coherencia debería explicarme aquí también. Si pulsamos el enlace de la Ley 26/2015, veremos que nos lleva a un texto en el que se presentan algunas modificaciones a la Ley 1/1996. La octava de ellas dice:
    «5. Será requisito para el acceso y ejercicio a las profesiones, oficios y actividades que impliquen contacto habitual con menores, el no haber sido condenado por sentencia firme por algún delito contra la libertad e indemnidad sexual, que incluye la agresión y abuso sexual, acoso sexual, exhibicionismo y provocación sexual, prostitución y explotación sexual y corrupción de menores, así como por trata de seres humanos. A tal efecto, quien pretenda el acceso a tales profesiones, oficios o actividades deberá acreditar esta circunstancia mediante la aportación de una certificación negativa del Registro Central de delincuentes sexuales.»
    Por lo que yo entiendo de esto, quienes van a estar obligados (si es que esto llega a ponerse en marcha) a demostrar su no implicación en determinados delitos sexuales no vamos a ser los profesores, sino quienes pretendan acceder a la nuesta o a cualquier otra profesión que implique relación con menores. En consecuencia, no es a nuestro colectivo ni a ningún otro grupo porfesional a quien se señala y estigmatiza, sino que lo que se pretende es que, dentro del indefinido colectivo de aspirantes a oficios relacionados con niños (esto puede afectar también a los aspirantes a pediatras, por ejemplo) no se cuele ningún pederasta, cosa que me parece lógica, dado que ya hay precedentes de estos señores situándose en oficios propicios para sus perversiones. Creo que este comportamiento de la Administración es irreprochable, ya que no criminaliza a ningún colectivo profesional, sino que fija filtros para que determinados delincuentes no se infiltren donde no corresponde. Desde luego, pedirnos a los que ya somos profesores un certificado negativo sobre delitos de cualquier índole sería un abuso y, no sé vosotros, pero yo me negaría en redondo a darlo y acudiría a un abogado, por aquello de la presunción de inocencia. Creo, pues, que los señores de eldiario.es, o no han leído bien la norma, o tenían ganas de enredar. Un saludo para todos.”

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    1. Ya sabes que estás en tu casa, Pablo, faltaría más. He hecho referencia precisamente a los comentarios en el enlace al artículo de Xavier, pero desde luego queda más claro si lo copias aquí. Puede que nos hayamos dejado llevar, pero en lo que respecta a la educación, como bien sabes, "piensa mal y acertarás". Ahora leo tu segundo comentario.

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  2. Continuación del anterior comentario:
    Creo que esto que digo demuestra inequívocamente lo siguiente:
    -Que los profesores en ejercicio, si esta medida llega a llevarse a cabo, no estaremos obligados a acreditar nada.
    -Que esto es solo un requisito para hacer el acceso a determinados puestos públicos imposible para ciertas personas (por no decir ciertos indeseables) a las que es muy razonable cerrar el paso.
    -Que la práctica de poner restricciones razonables al acceso a los puestos públicos viene de siempre y ha sido siempre aceptada: por ejemplo: con carácter general, siempre se ha negado la posibilidad de presentarse a oposiciones a quienes previamente hubieran sido separados del servicio público mediante expediente disciplinario: no veo por qué, si nunca nos hemos quejado de esta razonabilísima restricción, tenemos que ponernos ahora suspicaces con lo de los antecedentes sexuales.
    -Que es indiscutiblemente falso que esta medida (solo en proyecto) afecte solo a los docentes, porque está claro que en la norma se refiere a todo aquel que vaya a trabajar con menores, así que insisto en que presentarla como un ataque particular a los docentes es una manipulación: no sé en qué estarían pensando los señores de público.es.
    -Que la medida está al cien por cien ajustada al sentido común y a lo que la experiencia ha demostrado: ¿cuántas víctimas o familiares de víctimas de delitos sexuales se han quejado amargamente de que los autores de las agresiones anduvieran tan a sus anchas cuando ya tenían un historial efectivo? Si prevenirnos contra esto nos parece muy razonable en dramáticos casos que todos conocemos, no veo por qué ponerle peros a esta ley.
    -Que, mientras no se demuestre lo contrario, lo que se proyecta no es pedirnos ejecutorias de limpieza de sangre a los docentes en ejercicio, así que no es prudente adelantarnos a los hechos. En todo caso, repito una cosa: si esa medida tan aberrante, estúpida y contraria a derecho se materializase, yo sería el primero en ir contra ella, pero, mientras no sea así, no tiene sentido poner la venda antes de la herida.
    Un abrazo y vuelvo a felicitarte por el pluralista enfoque de tu artículo.

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    1. Sigo:

      Sí, entiendo que se trata de quienes quieran ingresar en la función pública. Esto, en mi opinión, no hace necesario modificar lo que he dicho. No tengo tan claro que sea una buena idea hurgar en los antecedentes de nadie. No digo que está mal, cuidado, sino que me provoca ciertas reservas. En cuanto a los afectados, puede que no sean solo los docentes, de acuerdo, pero lo serán principalmente. Creo que tienes razón en que puedo haber puesto la venda antes de la herida. Confieso que a día de hoy me cuesta ver buenas intenciones en nuestros gerifaltes. A mí, con franqueza te lo digo, me huele mucho peor que a ti. Puedo estar volviéndome un conspiranoico. No me gustaría, así que lo meditaré. Gracias por la intervención y abrazo.

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