Sin compromiso y esfuerzo no habrá buena educación. Contra la nueva educación en El quinto Poder


El Quinto Poder es una plataforma digital chilena que surgió por iniciativa de la Fundación Democracia y Desarrollo y dedica una columna a temas educativos. La última hacía referencia a Contra la nueva educación y defendía la importancia del esfuerzo y el compromiso, rescatando además una magnífica reflexión de Fernando Savater. El texto se puede leer aquí, aunque lo transcribo también a continuación. Lo firma Carlos Vásquez Órdenes, Magíster en Educación Universidad de Chile. Profesor de Estado de Matemáticas Universidad Católica de Valparaíso. Ex Vicepresidente Nacional del Colegio de Profesores. Ex Consejero Nacional de la Central Unitaria de Trabajadores. Fundador de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH).

El proceso de enseñanza – aprendizaje – contenidos se ve afectado hoy en día por las más variadas modas pedagógicas que los gobiernos imponen a los profesores, para que hagan clases más atractivas, entretenidas y así puedan competir con los medios tecnológicos. Ser parte del convencimiento que en el proceso de aprendizaje el esfuerzo principal es responsabilidad del profesor y no del alumno o alumna.

Sin embargo Fernando Savater en el libro ”El valor de educar”, investigación realizada para los maestros mejicanos, afirma que: “La enseñanza siempre implica algo de coacción, ningún niño quiere aprender algo que le cuesta asimilar y que le quita su tiempo de juego y eso es actuar con tiranía; tiranía porque se ordena a alguien que haga o deje de hacer algo en contra de su voluntad”.
Por otra parte, las escuelas atractivas, eficaces o donde los niños adquieren aprendizajes significativos no son aquellas que viven innovando para no quedar desactualizadas en los métodos de enseñanza sino donde la escuela logra involucrar a la comunidad en algo básico: disponer de alumnos comprometidos con el aprender.
Ello indica que sólo un sistema educativo riguroso y que exija esfuerzo garantizará mejores aprendizajes y producirá la movilidad social. Un sistema educativo que no apueste al conocimiento perjudica al que carece de capital cultural, a aquel que en su entorno familiar no puede escuchar un vocabulario más rico y no tiene acceso a los productos culturales.
Por tanto, se equivocan aquellos que atribuyen la falta de motivación por el estudio a los maestros y pretenden convertir la sala de clases en un set de televisión. Solo invito a considerar que la escuela, sus cursos, sectores de aprendizajes, niveles y modalidades de enseñanza no son un centro de entretención, ni el profesor un agente circense que para tratar sus contenidos deba disfrazarse y actuar ante un público infantil embelesado con sus gracias. La escuela no debe competir con los parques infantiles porque éstos si tienen como misión la diversión y el entretenimiento.
La escuela es una imposición de la sociedad moderna, asistir a ella es una obligación ciudadana y ésta junto con preocuparse del desarrollo social, afectivo y cognitivo debe transitar con el niño a través de valores como el trabajo, la sana convivencia y la solidaridad.
Debe concebirse a sí misma como la antesala del trabajo y ello implica esfuerzo, dedicación y una elevada motivación por aprender aún al costo de sacrificar la distracción o los compromisos sociales. Durante nuestra época universitaria recordemos cuantos paseos en familia, fiestas de amigos o matrimonios no pudimos asistir y todo ello por un bien superior: nuestra carrera profesional.
Lo cierto es que esa tensión debe sentirla el estudiante desde sus primeros días como alumno, nadie va a frustrarse de por vida o amargarse porque le impongan esfuerzo, superación y compromiso nada menos que con su futuro y el de su familia.
Significa que la formación preescolar, el prepararse anímicamente para asumir las exigencias de la escuela no es una responsabilidad solo del estado a través de sus gobiernos. Es la familia quien debe motivar a sus hijos, poner las reglas del juego para que combinen la diversión con el estudio, son los padres quienes deben poner metas desde que el niño comienza el aprendizaje de la lectura y hacer un seguimiento permanente de sus resultados.
Si no entendemos donde reside nuestra responsabilidad como padres seguiremos con la ilusión que escuelas más equipadas, con talleres diversos para que nuestros niños y niñas no se aburran garantizarán mejores aprendizajes y una educación de mejor calidad. Lo que se necesita es: profesores bien preparados, una familia que se comunique y un niño dispuesto a abrazar el sacrificio como norte de su éxito en la vida.
De manera más descarnada, abriendo un interesante debate al cual debieran plegarse los maestros en Chile, lo expresa el profesor de instituto Alberto Royo quien en su libro “Contra la nueva educación” afirma que los niños y niñas deben venir motivados desde sus casas” y que “cualquier aprendizaje necesita disciplina y tenacidad” y agrega que es errado anteponer “el sentido lúdico al esfuerzo que conlleva cualquier aprendizaje”, confundiendo a los niños al crearles la ilusión que "el éxito es fácil" y que lo importante es una felicidad del tipo de un  "libro de autoayuda".

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