Comentarios de una profesora de filosofía sobre Contra la nueva educación


Mabel Dámaris, profesora de filosofía, ha dejado el siguiente comentario sobre Contra la nueva educación  en la página de Amazon:

Ante todo, merece leerse este libro tanto por la valentía que muestra el autor al oponerse con argumentos a la ortodoxia de la pedagogía oficial del reino como por el amor al conocimiento que profesa este docente de educación secundaria (¡sí, no es un pedagogo pedante y amigo de galimatías, anheloso de esconder las vergüenzas en una maraña verbal ampulosa creada ex profeso para sus colegas!), afición tan arcaica y extraña de encontrar a estas alturas del siglo XXI, época en la que nos encontraríamos según unos cuantos (de poca sal en la mollera, claro está) en la cima de la humanidad. Bueno, hay que confesar que, a menos que uno sea sacerdote del constructivismo (la teoría de aprendizaje oficial del Estado) o un simple incauto que se ha tragado todos los embustes de la nueva pedagogía, la lectura del libro hará asomar más de alguna sonrisa e incluso alguna carcajada.

Como bien sabéis, pululan por doquier encantadores de serpientes y charlatanes de feria que quieren vender humo a los neófitos en educación (la gran mayoría) y también a los futuros docentes (terreno fértil para el adoctrinamiento puro y duro). Estos engatusadores con ánimo de lucro predican en sus conferencias, pasando por caja previamente, la buena nueva de las TIC y del constructivismo, que, cual espíritu santo descendiendo de los cielos, vendría a redimir a todos los alumnos del mundo de la tiranía del docente conocedor de su materia y del autoritarismo de la clase magistral; vestigios todos ellos de una edad ya pasada, de la revolución industrial como gusta anunciar el beatificado sir Ken Robinson. Con todo, a pesar de tal revelación, muchos docentes se resisten a abandonar (aunque cada vez menos) esos dislates prehistóricos frente a la cacareada innovación educativa. Ante estos reaccionarios y herejes, los mesías de lo digital y la innovación por la innovación pretenden convertir a la muchedumbre aún incrédula a la religión verdadera, con el fin de que la educación entre, de una vez por todas, en su época dorada, lejos de los medievales tiempos pasados.

Para todos estos pregoneros de lo lúdico y del uso compulsivo de las TIC -única forma de que la escuela se adapte a nuestra supuesta "sociedad del conocimiento" y que hable por fin el lenguaje de los "nativos digitales"-, la educación emocional, el coaching, las tablets, en fin, cualquier cosa que nada tenga que ver con la transmisión del conocimiento y el uso de la memoria -¡qué horror, atiborrar de contenidos la cabeza virginal de los pobres niños y adolescentes, cautivos en la opresiva escuela del pasado, cuando todo ahora está en la venerada y sapiente Internet!- es mejor por supuesto para la educación de la juventud (algo completamente distinto de la denostada enseñanza) que una vetusta y retrógrada clase magistral, que una clase hecha con maestría por alguien que realmente sabe del asunto y que quiere ayudar a sus alumnos. Pero desde luego es mejor que el alumno sea "el protagonista de su propio aprendizaje" porque sí, porque así lo establece el dogma pedagógico hegemónico, ya que en una clase magistral el alumno es, qué duda cabe, "pasivo", etc., etc. Este es el mantra que repiten los autoproclamados expertos en educación, que, por supuesto, nunca han enseñado (jamás han tomado la tiza), pero a los que no les falta el arrojo suficiente para pontificar sobre cómo hay que mejorarlo todo y por qué los profesores que usan la "metodología tradicional" son tan malos y son los únicos culpables de todos los males de la educación.

Recomiendo encarecidamente a todos aquellos que sospechan que les están vendiendo la moto que se tomen el antídoto (que elijan la píldora roja como hizo Neo en Matrix y que no sucumban al lado oscuro de la fuerza) y que lean este libro; estoy seguro que no les defraudará. También recomiendo algunos otros libros sensatos como los de Inger Enkvist, Gregorio Luri o el libro sobre educación de Victoria Camps. No hay como una buena dosis de buen sentido común y sensatez para avivar el seso y desempolvar el caletre anquilosado por tanta propaganda antiintelectual y por la perezosa aquiescencia acrítica de muchos ante el instaurado discurso políticamente correcto de la nueva pedagogía oficial.

Comentarios

  1. Yo sé que con estas cosas que escribimos nos vamos a condenar...

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  2. No, no estamos condenados. Ni mucho menos. Es más, gracias a la repercusión del libro de Alberto somos más visibles...y eso está provocando incómodos picores en aquellos que se creían intocables.
    Enhorabuena, Alberto. Acabo de pasar tu libro a una compañera profesora que ha leído "La nueva educación"...ya te contaré.

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    1. Picores sí noto que hay por ahí, sí...gracias. Un abrazo.

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