

Dice Paco Cid:
Recuerdo todavía la primera vez que me llamaron fascista. Desde entonces me lo han llamado muchas veces,
lo hizo la que fue mi profesora de la asignatura de dibujo técnico de C.O.U., en
el único instituto, público, de la ciudad dormitorio de la periferia barcelonesa
donde me crié. Hace de esto unos 30 años y yo debía tener 17 o 18.
El C.O.U. era el último curso antes de acceder a la universidad, en el que ya
se escogían asignaturas orientadas a los futuros estudios superiores, y se
recapitulaba el bachillerato anterior de cara a superar la prueba de
selectividad lo mejor posible.
La cosa fue más o menos así; éramos en total
nueve alumnos, de los que 8 de nosotros pretendíamos estudiar ingenierías o
arquitectura en la Politécnica y “Joaquín”, al que, simplemente, no le gustaba
la química. El año anterior se había trasladado a Valencia el que había sido
nuestro profesor los cursos anteriores, del que jamás conocimos sus opiniones
políticas. Su sustituta, mucho antes de pretender enseñarnos el sistema
diédrico de representación, ya nos había recalcado reiteradamente que era de
izquierdas. Pasado el ecuador del segundo trimestre, todos menos “Joaquín”
estábamos seriamente preocupados al comprobar que no habíamos llegado ni a la
mitad del temario del primer trimestre. Más allá de la selectividad nos
esperaban dos duros cursos de geometría descriptiva, como mínimo. La causa de
ello era el acomodar el ritmo de aprendizaje al, no sé si menos dotado, pero sí
el menos interesado en ello, pues debíamos ser solidarios y desterrar actitudes
“competitivas”. Como fuera que no nos interesaba competición alguna, pero sí
que necesitábamos adquirir determinadas competencias para el futuro, después
de echarlo a suertes, me tocó ir a quejarme a jefatura de estudios. Ante la
observación de que si Joaquín no podía, no le interesaba o no se esforzaba lo suficiente
por la asignatura no debíamos pagar las consecuencias nosotros, sino él, la
respuesta fue: “No sabía que fuerais tan fachas”.
Que la educación es hoy día en España un tema
candente salta a la vista.El fracaso de
las políticas educativas desde la LOGSE hasta hoy, demostrado en las
persistentes bajas cualificaciones de los educandos españoles en las pruebas de
PISA, así como en haberse tenido que implantar un curso “0”, previo a muchas
carreras técnicas, por carecer los estudiantes de los mínimos conocimientos
necesarios, así lo confirman. Los problemas de indisciplina, baja
tolerancia a la frustración y violencia en las aulas, han aparecido
reiteradamente en la prensa durante estos años.
Ante un panorama así, cabría inferir, que la
LOGSE y leyes posteriores, en la teoría y en la práctica, ha fracasado. Sin
embargo, desde diversas instancias, no solo se afirma lo contrario, sino que se
defiende una intensificación de sus planteamientos, pues sus ideas fueron, o
son, mal aplicadas. Quienes esto afirman, en extraña colusión, suelen ser
sectores ideológicos de cierta “izquierda”, pedagogos, burócratas y “expertos
en educación” que no trabajan día a día en las aulas o no han dado clase jamás,
o “innovadores” de métodos de gestión empresarial y recursos humanos
presuntamente “liberales”.
Desde el comienzo hubo voces que señalaron el dislate y los absurdos de los planteamientos que inspiraron la reforma educativa, curiosamente profesores y pensadores preocupados por la eliminación de la educación como motor de la promoción social por méritos, lo único que los más humildes tenían para progresar socialmente sin servidumbres. Especialmente reseñable, por los acerbos ataques de que fue objeto cabe señalar a Javier Orrico, y su libro “La enseñanza destruida”. Poco más tarde aparecieron el “Panfleto antipedagógico” y “De la mala y la buena educación” de Ricardo Moreno Castillo.
Desde el comienzo hubo voces que señalaron el dislate y los absurdos de los planteamientos que inspiraron la reforma educativa, curiosamente profesores y pensadores preocupados por la eliminación de la educación como motor de la promoción social por méritos, lo único que los más humildes tenían para progresar socialmente sin servidumbres. Especialmente reseñable, por los acerbos ataques de que fue objeto cabe señalar a Javier Orrico, y su libro “La enseñanza destruida”. Poco más tarde aparecieron el “Panfleto antipedagógico” y “De la mala y la buena educación” de Ricardo Moreno Castillo.
Empero, el emperador sigue desnudo y
Ricardo Moreno Castillo lo dice una vez más, pero ahora con humor. Le acompaña
Alberto Royo. Les une la valoración del conocimiento y el
saber como un valor en sí mismo, la idea de que la igualdad de las
oportunidades no significa la igualdad de los resultados, la pretensión de
formar individuos adultos y autónomos y, por encima de todo, la concepción del conocimiento
como algo abordable, comprobable y transmitible, como un bien social.
El
planteamiento de ambos libros, espantosamente divertidos, es muy similar,
siendo la burocracia, los pedagogos, la pedagogía y toda suerte de
charlatanería, teorías pomposas y, lo más importante, no realistas sino
ideáticas –que más quisieran que ser ideológicas- de moda, que los diversos
“expertos” promocionan en los más variados foros, el objeto de su atención. Para
ello, simplemente, dejan hablar a tales pozos de sabiduría ática, comentando
después las diversas majaderías con persistente diversión y ánimo jocoso,
dejando en evidencia su estulticia, y su peligro…
Enlace al artículo, aquí.
Sensacional. La anécdota esa de la profesora de dibujo retrata al milímetro en unas cuantas líneas el perfil profesional y ético de cierto profesorado que ha camuflado su incompetencia tras excusas de carácter político o caritativo. Se presenta aquí uno de los postulados hipócritas de barniz progresista que, en los últimos 30 0 35 años (porque, en efecto, está siembra funcionaba ya antes de la LOGSE), han sido más catastróficos para la enseñanza: el disfrazar la falta de rigor y el destierro de la exigencia bajo la túnica de la no discriminación. Esa legión de profesores mediocres ha sido la fuerza de choque de un vuelco a la educación que, además de empobrecerla, como dice el artículo, la ha debilitado como motor de ascenso social para quienes no nadaban en la abundancia. Los "progres" haciendo de perpetuadores de la brecha social. En fin, Alberto, me repito, perdona que sea tan coñazo.
ResponderEliminarQuerido Pablo: Es que no queda otra que repetirse. Y repetirse. Y repetirse. Si no nos repetimos, alguno podría pensar que tiene razón. Y eso, no. Un abrazo.
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