lunes, 3 de agosto de 2015

Pedagogía y moda (VII). Apostilla al Flipped Learning.


Me escribía hace pocos días una alumna de Bachillerato de un centro privado-concertado de Cataluña para pedirme que le respondiera a unas preguntas en relación con el método “The flipped classroom”, del que hablé hace poco aquí. Está preparando, me contaba, “un trabajo de investigación” para saber si puede ser (“o no”) un “buen método”. Había leído este blog (¡!) y deducido que no estoy “muy convencido”.

Por supuesto, le contesté que le daría mi opinión encantado. Una estudiante de Bachillerato interesada en conocer la opinión de alguien que, en principio, tiene una valoración negativa del método sobre el que busca información y, además, me escribe con cortesía y sin (apenas) faltas de ortografía, bien merece que se le dedique un tiempo.

Transcribo pues las preguntas y las respuestas que acabo de enviar a M.G. y le deseo suerte en su investigación.

¿Cree que el método “The flipped classroom” puede obtener resultados positivos o no?¿Por qué?

No lo conozco tanto como para pronosticar si puede o no obtener buenos resultados, así que debo basarme en lo que intuyo e interpreto a partir de las noticias que he podido leer referidas a este método y, en este sentido, lo que puedo decir es que no comparto los planteamientos. En primer lugar, no creo que la enseñanza, entendida como la transmisión de conocimientos y valores universales, deba ser reformulada, ni que toda innovación por el hecho de aportar novedad vaya a mejorar la formación de los alumnos. En segundo lugar, pienso que son quienes consideran que este tipo de metodologías funcionan los que deberían demostrarlo con datos y evidencias. No parece sensato que los demás debamos aceptar que son unas metodologías prodigiosas por una cuestión de fe. ¿Existen estas evidencias?

¿Por qué cree que el alumno no debe ser el protagonista de su aprendizaje? ¿No es importante que el alumno sienta que tiene capacidad para superarse en sus resultados?

No es exactamente así. Lo que defiendo es que las decisiones en materia académica corresponden al profesor y que la relación entre este y el alumno debe ser vertical, es decir, jerárquica, sin que esta jerarquía (no debería hacer falta aclararlo, pero los tiempos obligan a hacerlo) suponga ningún tipo de opresión sino que se deriva sencillamente de algo tan obvio como el maestro es el que sabe y el alumno el que no. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, desde luego que es importante que el alumno sienta que puede superarse (siempre que esto se base en la realidad, pues hay alumnos con mayor y menor capacidad), pero es difícil que un alumno sienta que puede superarse cuando el sistema tiende a igualar a todos en el punto de llegada, transigiendo con quien hace mal las cosas y dejando de reconocer a quien las hace bien, y evitando que unos (aunque lo merezcan) destaquen sobre otros.

Veo que tampoco está muy de acuerdo con algunas cosas de los cuatro pilares. El primero, el ambiente flexible, ¿que el alumno decida lo que quiere hacer en la escuela en un momento determinado está relacionado con que en casa y en cualquier otro ámbito el niño también quiera hacer lo que le apetezca o se pueden separar los estudios del resto de actividades?

No, los ámbitos familiar y académico son distintos. Pero pienso que en ninguno de ellos debe ser el alumno (o el hijo) el que decide, sino el adulto (el maestro, el padre). Fundamentar la enseñanza o la educación en que el niño, el alumno, el menor, haga "lo que le apetezca" me parece un punto de partido erróneo, cómodo "a la corta" pero peligroso y perjudicial "a la larga".

En el segundo y tercer pilar habla de los contenidos, el niño no tiene grandes conocimientos del tema pero a partir de un vídeo y otros recursos que evidentemente el profesor le da, ¿cree que el niño no es capaz de realizar actividades y dialogar con su profesor y el resto de alumnos para profundizar en el tema que se está trabajando?

El vídeo, como bien dices, es un recurso. Uno más. La principal herramienta de un docente sigue siendo la palabra y su cualidad fundamental, el conocimiento. Que el alumno realice actividades o dialogue con sus compañeros sobre lo que se está tratando en clase no es algo novedoso. Se ha hecho toda la vida. Venderlo como innovador es casi fraudulento.

El método “The flipped classroom” está estrechamente relacionado con la tecnología, este no cree que es un modelo a seguir pero ¿cree que se debe utilizar algún modelo que sí utilice la tecnología o enseñar de manera tradicional? ¿Por qué?

¿Qué significa “enseñar de manera tradicional”? La enseñanza, ya lo he dicho, es una actividad tradicional. La tecnología puede ser un buen apoyo. Enseñar "a la manera tradicional" no es incompatible con el uso de la tecnología. No reniego de la tecnología (sería absurdo) sino de la postración del docente ante ella.

Por último, cree que “The flipped classroom” o algún otro método relacionado con la tecnología podría ser aplicado a la educación infantil? ¿Les serviría a los niños o no aprenderían?

La etapa en la que yo enseño es la Secundaria, así que debo referirme a ella. Es probable que determinadas metodologías puedan aportar más en etapas tempranas como la Infantil que en posteriores niveles pero, en general, opino que se está orientando la educación en un sentido equivocado al confundir las prioridades (por ejemplo, la necesaria socialización no puede enterrar al aprendizaje, ni siquiera en Infantil) y pretender eliminar aspectos tan básicos como la ya mencionada verticalidad entre maestro y discípulo o la imprescindible apelación al esfuerzo individual del alumno, que no debe ser el eje del sistema educativo sino el destinatario y también el principal responsable. 

miércoles, 29 de julio de 2015

Yo he venido aquí a hablar de mi libro (III). Con aliento renovado



El mes de julio está siendo tiempo de descanso antes de comenzar la relectura del libro, que tendrá lugar entrado el mes de agosto y que abrirá el período de edición propiamente dicho. Será entonces cuando toque darle unas vueltas más a la estructura y los capítulos, revisar, actualizar, quizás añadir, suprimir o recortar…y decidir el título final.

Creo que un texto requiere un reposo posterior a su primera redacción que permita leerlo nuevamente con cierta distancia, sobre todo si uno ya no va a poder modificarlo cuando llegue el momento de darlo por definitivo y listo para su publicación. De un concierto le quedan al espectador impresiones y una percepción global, pero en un libro, como en un disco, un cuadro o una escultura, los defectos quedan expuestos sin compasión. Nada mejor para tomar esa necesaria distancia y refrescar las ideas que cambiar de ambiente, escapar de lo cotidiano y olvidar de alguna forma lo escrito para volver después sobre ello con aliento renovado. El bello y bravo Cantábrico es perfecto para desconectar de la rutina, así que allí nos fuimos, a la preciosa Playa de Isla, en el municipio de Arnuero, en busca de los aires de la Cantabria de la que nos habló Gerardo Diego, el ilustre santanderino:


(…) Es el viento que encrespa sus bisontes,
que en bravo alarde de torsión y ultraje
lomos restalla de olas y de montes.
El viento que me empapa de paisaje.
Sur, viento sur, enrólame en tu viaje
y ráptame en tus brazos de horizontes (...)


Estoy convencido de que las incertidumbres ante la edición de un libro no serán mayores que las que experimenté durante la grabación de Mistúra. Se amontonarán las dudas y las decisiones se dilatarán, pero me siento confiado porque, como entonces, cuento con el apoyo de grandes profesionales (y entusiastas, cualidad a revalorizar) que me ayudarán a llevar a buen puerto este proyecto. Cuando grabé mi disco tuve la suerte de trabajar con un técnico de sonido magnífico y, sobre todo, abierto a sugerencias. Pasamos juntos muchas horas escogiendo tomas, reflexionando sobre aspectos como la reverberación adecuada (la mínima, en realidad, con el propósito de no perder más naturalidad de la indispensable cuando se registra una interpretación), etc.  Recuerdo bien (¡cómo olvidarlo!) mis sensaciones tras la primera sesión de grabación. Volví a casa con varias (bastantes) tomas de una de las evocaciones de Antón García Abril, la segunda (de inspiración lorquiana). Las escuché para elegir, anotar, reservar y pasar a grabar la siguiente evocación... y me resultó imposible decidirme por ninguna de ellas, tan terribles me parecían todas. Ni el fraseo, ni el sonido, ni el concepto interpretativo me parecían acertados y me vi obligado a llamar al estudio y volver a grabar por completo la pieza. Lo curioso de todo esto es que en la edición final, la grabación definitiva salió...de aquella primera sesión. El tiempo me permitió encontrar lo que entonces fui incapaz de reconocer. Por eso digo que es beneficiosa la distancia y por eso me parece adecuado dejar reposar, como entonces la música, ahora un texto que espero abordar otra vez, pronto, con la calma oportuna y el ánimo apropiado. 

miércoles, 15 de julio de 2015

Yo he venido aquí a hablar de mi libro (II). Habemus prólogo


Ayer por la tarde recibí el prólogo que había pedido a alguien a quien admiro como a pocos, por su compromiso, su talento y su sencillez (tengo comprobada una teoría: la humildad escasea en los mediocres pero abunda en las personas brillantes y capaces porque estas son plenamente conscientes de que nadie se convierte en genio de la noche a la mañana). 

No desvelaré su nombre. Decía Buñuel que el misterio es “el elemento clave de toda obra de arte”. No sé si este libro encajará en el concepto “obra de arte”, pero si la RAE define “arte” como la “virtud, disposición y habilidad para hacer algo”, como la “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”, bien podemos forzar la cita (disposición tengo toda; sobre virtud y habilidad deberá opinar el lector) y admitirla. Al fin y al cabo, no pretendo otra cosa que la exposición pública de mi pensamiento y el intento, modesto pero entusiasta, de presentar batalla ante el acoso permanente de los anti-ilustrados. Mantengamos entonces la intriga. 


Para ilustrar musicalmente esta entrada y expresar la emoción que experimenté anoche al leerlo, qué mejor que una fanfarria: la Toccata de L´Orfeo de Monteverdi. Aquí queda.


lunes, 13 de julio de 2015

Yo he venido aquí a hablar de mi libro (I)



Es curioso lo que ocurre cuando uno escribe, como cuando lee. Cuanto más lo hace, más quiere hacerlo. Lee algo y ese algo le lleva a otro lugar en el que siempre encuentra algo sugerente que quizás le transporte a un sitio muy alejado de donde estaba y, sin embargo (o puede que precisamente por ello) atractivo, intrigante, apasionante. Escribe sobre algo y se da cuenta de que hay muchas maneras de enfocar lo que ha escrito, de que quizás no ha reflexionado lo suficiente, de que es posible verlo desde otro punto de vista, de los mil matices que se ha dejado y, por supuesto, de que aquello sobre lo que ha escrito guarda relación con esto, con lo otro y con lo de más allá. 

El 28 de enero de 2013 inauguré este blog sin más pretensión que la de ir alojando artículos (propios y ajenos) sobre educación, política y sociedad, temas que me ocupan y preocupan. No pensé nunca que mis escritos pudieran resultar de interés para los demás, aunque desde luego nadie escribe para no ser leído ni nadie interpreta música para no ser escuchado y las visitas y comentarios recibidos me animaron, allá por el mes de enero, a plantearme la posibilidad de verter mis ideas sobre educación en un libro. La génesis, pues, de mi primer libro, está en este blog.

Envié el manuscrito de que lo será un ensayo crítico sobre el estado actual de la educación y, sobre todo, un acto de defensa dialéctica contra quienes pretenden sacar partido del mismo, a unas cuantas editoriales, para lo cual pedí consejo previamente a algún amigo y colega. La iniciativa fue recogida finalmente por Plataforma Editorial, aunque otras editoriales mostraron un interés que, por uno u otro motivo, no se concretó, como en el caso de Plataforma, en la firma de un contrato editorial.

Mis primeros contactos con María Alasia, editora, como con Jordi Nadal, director de Plataforma, han sido más que prometedores. No hemos empezado aún el proceso de edición, ni siquiera hay un título definitivo para el libro, pero la relación con ellos ha sido desde el primer momento no solo cordial sino más bien afectuosa. Jordi Nadal transmite un entusiasmo que contagia y crea unas expectativas emocionantes a la hora de abordar un proceso de edición que promete ser tan hermoso como el de la edición discográfica, que sí conozco.

Comienzo con esta entrada, expectante, una serie dedicada a la descripción de las distintas etapas del trayecto, cuyo título genérico quiere homenajear al gran Paco Umbral en ese momento televisivo impagable del año 92 en el que recriminaba a Mercedes Milá que no le preguntara por su libro. También yo, por qué no, voy a hablar de mi libro. Como apuntaba más arriba, cuando un músico ofrece un concierto quiere tener el mayor número de oyentes entre el público; un cocinero, cuando cocina, quiere que sus platos sean degustados por el mayor número de comensales; un escritor quiere que lea lo que ha escrito el mayor número de personas. O, al menos, todos ellos quieren: que haya alguien que los escuche, alguien que deguste sus platos, alguien que lea sus escritos. Demos pues inicio al relato de este viaje. Y veamos hacia dónde nos conduce. 


lunes, 6 de julio de 2015

Banderas de nuestros gobernantes. Del sentimiento trágico de la política



Me aburre el debate identitario. Me produce una terrible pereza discutir sobre banderas, himnos y símbolos. No mi interesa… hasta que se vulnera la legalidad o se nos toma por idiotas. Ahí ya me siento obligado a tomar partido.

Hoy ha sido el txupinazo. Comienzan las fiestas de San Fermín. Por la televisión, con los críos atentos a la pantalla, me sorprende (así soy de ingenuo) la presencia de la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. Sé que muchos no entenderán mi sorpresa (“se veía venir”, “te has caído de un guindo”, “¿qué esperabas?”), pero así ha sido. Esperaba, claramente de manera poco fundada, que el alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, demostrara, en esta su primera ocasión importante, que venía con la intención de ser el alcalde de todos, de fomentar ese mito patrio llamado pluralismo (versión política de la fraudulenta diversidad pedagógica), de corroborar esa imagen que a muchos (o algunos, qué sé yo) nos había transmitido de persona moderada, tolerante, abierta y sensata. Primera oportunidad perdida.

Decía al comienzo de este artículo que me aburre el debate identitario. Y es cierto. Soy poco patriota, lo reconozco. Ni me disgustan ni me emocionan especialmente los himnos. Bueno, excepto La Marsellesa en el contexto cinematográfico de Casablanca:  Víctor Laszlo pidiendo a la orquesta en el Café de Rick que toque La Marsellesa para silenciar el himno que cantan los oficiales alemanes; los presentes uniéndose al líder de la resistencia, poniéndose en pie y cantando cada vez más alto, apagando el himno alemán ante la sorpresa de los oficiales…no me emocionan, insisto, salvo excepciones como esta o el comienzo de “All you need is love” de los Beatles, pero parece que a los políticos les da buenos resultados su utilización y mangoneo.

La ikurriña, como todos saben, es la bandera oficial del País Vasco. Euskadi. Comunidad Autónoma Vasca. Como prefieran. Representa además un sentimiento vasquista, no necesariamente independentista, que parte de los navarros comparten. Negarlo, como ha venido haciendo UPN, es una necedad. Pretender que sea mayoritario, como hacen los nuevos gobernantes navarros, una torpeza y un peligroso flirteo con el fanatismo. Según el acuerdo programático para el gobierno de Navarra 2015-2019 suscrito entre Geroa Bai, EH-BILDU, Podemos e Izquierda-Ezquerra, uno de los objetivos es conseguir "una Navarra plural, abierta, euskaldun y orgullosa de sus dos lenguas, respetuosa con sus respectivas identidades, laica, social y solidaria". Me pregunto cómo se concilia la pretensión de que Navarra sea euskaldun con el respeto a quien no lo es, con la apertura y el orgullo por las dos lenguas, euskera y castellano... o Navarra es diversa o es euskaldun; o es diversa o es castellano-parlante. Y si es castellano-parlante y euskaldun, entonces ya es diversa. Me parece difícil que sea todo al mismo tiempo. Pero también me parece difícil que un gobierno o un partido se diga nacionalista y de izquierdas, así que seguramente el problema lo tenga yo. ¿Algún día se pensará en quienes no queremos ni prohibir ni imponer una lengua, en quienes entendemos que se puede ser de izquierdas sin ser independentista (es más, en quienes estamos convencidos de que no es posible ser independentista y de izquierdas), creyente sin querer que la religión invada la vida pública, solidario sin buscar una solidaridad de pega, rentable y sostenible (véase el neoconcepto de “emprendedor social”)?

Joseba Asirón, que días atrás había afirmado que respetaría la legalidad vigente, le “gustara más o menos”, ha justificado la presencia de las cinco banderas (europea, española, navarra, pamplonesa y vasca -a este paso algún día no van a caber tantas-) de la siguiente forma (descarto comentar la argumentación oficial de su partido, EH-BILDU, que afirmahaber colgado la ikurriña “en deferencia a tres parlamentarios que habían acudido desde el País Vasco” por intelectualmente ofensiva): “estas banderas”, decía Asirón, "representan a un sector mucho más amplio de la sociedad" y son "un símbolo de cambio".

Sr Asirón, oficialmente, la ikurriña solo representa a la comunidad vecina, no a esta. Sentimentalmente, es evidente que representa a una parte de la sociedad navarra y al conjunto de la sociedad vasca, tan evidente como que hay otra parte (no menor) de la sociedad navarra que no se siente representada por la bandera vasca. Pero esto es en realidad lo de menos. Lo importante es que un político no puede decidir en función de sentimientos más o menos bondadosos, sino de legalidad, respeto y sensatez. No le he votado a usted. No he votado tampoco al anterior alcalde ni a ningún otro candidato. Sin embargo, tenía ciertas esperanzas (inocente que es uno) de que un cambio en la alcaldía y en el gobierno de la comunidad pudieran ser positivos. Y en cualquier caso, lo que la ciudadanía vota "va a misa" (con perdón). Pero no me gustan, repito, ni las prohibiciones ni la imposiciones. Sí me gusta que se respete la ley. Y usted no lo ha hecho. Mal empezamos. Y sabía bien que no era legal colgar la ikurriña. Y no le ha importado porque lo que le importa, lo que le da réditos políticos, lo que contenta a su parroquia (como los otros, sí, como los otros haciendo lo contrario) es apelar al sentimiento. Pero también desde el punto de vista emocional (¡qué perra ha cogido todo el mundo con esto!) hace trampa porque los sentimientos de unos son diferentes de los de otros, porque hay quien se identifica con la ikurriña y quien se siente incómodo con ella. Y en estos usted no piensa.

Empieza a ser preocupante la postración de la política ante lo sentimental, lo emocional, lo visceral, lo irracional. Como en la vida cotidiana, cuando alguien se escuda en su gran espontaneidad, en el “es que yo soy así”, para faltar al respeto al otro. Pues señor mío, usted se creerá muy espontáneo pero es un maleducado y un pelmazo. Y en política, ocurre parecido.

Sr Asirón, déjese de sentimientos y gobierne para todos: para los que sienten lo mismo que usted, para los que no y para los que, en cuestión de banderas, ni sentimos ni padecemos.



martes, 23 de junio de 2015

Vacantes en educación. En los límites de la realidad.


¿Conocen aquella serie norteamericana titulada “The Twilight Zone”? En España se llamó “Dimensión desconocida” o “En los límites de la realidad". Ciencia-ficción, fantasía, terror y un final sorprendente eran sus principales características. Igual, igual que la adjudicación de plazas docentes. Las plazas ofertadas, con perfiles surrealistas, son pura ciencia ficción. La posibilidad de encontrar un destino satisfactorio, auténtica fantasía. Para los interinos, toda una película de terror. Y los finales…no encontrarán finales más imprevisibles (y, por supuesto, no esperen un “happy end”).

Sería muy largo detallar todos y cada uno de los fenómenos paranormales que ocurren año tras año en similares (y oscuras) circunstancias, así que pondré solamente dos ejemplos: el primero tiene que ver con una misteriosa desaparición de horas; el segundo, con un enigma difícil de resolver y que llamaremos “el caso de la lengua mutante”. Vayamos con el primero sin dar muchos detalles que luego suceden cosas extrañas.

La misteriosa desaparición de horas.

Una plaza con catorce horas lectivas es ofertada. Una ingenua profesora se dispone a cogerla pero…¡zas! La plaza se ha volatilizado. Las catorce horas han debido pasar a otra dimensión porque en esta, desde luego, no están. Hechas las indagaciones pertinentes, consultados los posos del café y los astros, resulta que las horas han terminado en manos de otra profesora (menos ingenua que la anterior) para completar su plaza y asumir en otro centro, contraviniendo la normativa de esta dimensión pero, claro, no la de la otra, un proyecto educativo ciertamente esotérico cuyo nombre omitiremos por miedo a represalias.

El caso de la lengua mutante.

Más asombroso (si cabe) que la evaporación horaria, es la transformación de una plaza de castellano a euskera (quizás influida por la cambiante meteorología) en cuestión de días. Como el anillo único, parece claro que la plaza escoge a su dueño y que algunos de los incautos profesores que soñaban con ella deberán esperar a mejor ocasión.

Ya saben, al igual que el crepúsculo que existe entre la luz y la sombra, hay en la Administración Educativa una zona desconocida en la cual todo es posible. Todo es posible en la dimensión desconocida.



viernes, 19 de junio de 2015

Paulo Iglesias Tour 2015




Leo en la prensa que Podemos ha decidido dar "un giro a su estrategia" y pasar "del ceño fruncido a la sonrisa" con el propósito de  "reforzar la cercanía, la frescura y la audacia de sus orígenes". Contrasto esta información publicada en El Mundo con la nueva página web de Iglesias y con la misma noticia recogida por un medio con distinta valoración de Podemos, eldiario.es, para comprobar que, en efecto, más que ceño fruncido en sonrisa, la verdadera transmutación ha sido la de Pablo en Paulo. Así, en este segundo medio se dice que la intención es "ofrecer una imagen más próxima de su líder" y abrir "puertas y ventanas". Pero hay más elementos que nos hacen pensar en tan singular metamorfosis. Uno de ellos es la continua apelación de Podemos a las emociones. Hablan de "seducir", de ser "protagonistas de nuestra historia", de que "las elecciones las gana la gente", de que ellos son "la voz de todos", el "instrumento de la gente de abajo", de "desbordar los formatos habituales de los mítines", de "tutearse en las instituciones" y llamarse "por el nombre de pila", con frases míticas como "podemos vencer porque podemos soñar" o "el derecho a sonreír no se vende",  por no hablar de la nueva Concejalía del Ciclo de la Vida creada por Ada Colau o los huertos urbanos comunitarios como experiencias asociativas y multifuncionales en el barrio de Salamanca, todo muy Feng Shui, que promete Manuela Carmena. A modo de colofón, las propuestas educativas de Podemos terminan por cerrar el círculo (nunca mejor dicho) y constatar que Iglesias es (un Bachillerato que despierte la pasión y el deseo de ser un experto y tener un objetivo vital con compromiso personal y competencia; que cada alumno se reconozca como una persona valiosa y competente en lo que ame)... Paulo Coelho disfrazado. Y todo ello con más merchandaisin que Jurassic Park. O que el propio Coelho: nueva web, nuevo blog, nuevos vídeos, nuevos mensajes de "el equipo", nuevas entrevistas en La Tuerka...

Ya sé, ya sé que hoy solo puede uno insultar a la Monarquía, al PP, al PSOE... o a Albert Rivera, por listo. Ya sé que Podemos lleva poco tiempo en esto y que hay cosas más importantes de las que hablar que de patinazos twiteros; debates más interesantes que abordar que el medio de transporte que utilizan los políticos para trasladarse a su lugar de trabajo; que los políticos viejunos lo han hecho requetemal y que la política necesita nuevos aires. Todo eso lo sé y no creo que nadie en su sano juicio defienda ya lo indefendible (bueno, alguno queda, pero son muy pocos). Y ya sé también que criticar a Podemos me convierte de inmediato en un defensor de las oligarquías, de la Troika y hasta del Opus Dei (ni se me ocurriría sacar el tema de la libre y pacífica entrada en la capilla de la Complutense para mostrar una razonada y razonable discrepancia respecto a los postulados del clero en materia moral y su presencia en una universidad pública), pero qué quieren, Podemos está de moda, a mí me va la marcha y me apetece hablar de este tema en estos momentos.

En  ocasiones anteriores ya he explicado mis reticencias ante lo que considero una operación de marketing bien pensada y peor elaborada. Lo he expuesto en anteriores entradas, aquí y aquí. Al mismo tiempo me he mostrado sinceramente satisfecho por la aparición de este nuevo partido, fundamentalmente porque puede suponer un revulsivo (ya lo ha supuesto) y porque, no nos engañemos, pone muy nerviosos a "los otros". Y eso mola. Pero, claro, una cosa es que mole y otra muy distinta que les compre el producto. Y yo no se lo compro. No lo hago por la insistencia en recurrir a la exaltación de la turba, a las bajas pasiones, a la confrontación, al conmigo o contra mí (que sí, que los demás también. Pues precisamente por eso). Y no lo hago porque me sigue dando un tufo a técnicas de mercado que echa para atrás (iba a decir a cosmética pero no está el horno para bollos), a coaching, a Coelho y a la piel de Floriano (pobre, ¿qué será de él sin su Vicesecretaría de Organización?) o a la niña de Pdro Schez (Juana. ¿O era Valeria?) pasados por un barniz perroflautístico en versión anarkopija, asamblearia y autogestionada. Y no se pierdan el vídeo promocional. Sí, tienen vídeo promocional porque están preparando la gira ("Ruta por el cambio"). O sea, que el principal problema que tengo yo con Podemos es que NO ME LO CREO. 

Vale. Tranquilidad. No se apresuren a lapidarme. A los otros, tampoco me los creo. Bastante pena llevo con tanto descreimiento. Ahora solo queda esperar a ver si, como a veces ocurre (tengamos algo de fe), la abundante parafernalia esconde ideas mejores de lo que a primera vista parecen, si la autoproclamada pureza de Podemos, Ganemos, Se puede, Somos, Ahora o como se llamen las diferentes franquicias, es tal y, sobre todo, si de verdad consiguen (o lo intentan) cambiar las cosas (a mejor, se entiende). Veremos. Y, si es así, nos alegraremos. Al menos yo. Que sí, ya está bien de suspicacias...



miércoles, 17 de junio de 2015

Los deberes no son para el verano o cuando Kata encontró a Keating



¡Carpe Diem!, dicen ustedes, repitiendo automáticamente
el lema que les ha transmitido su liberador.
Su misma repetición sagrada,
esa especie de conjuro que les permite reconocerse
como pertenecientes a la misma congregación de fieles,
reproduce aquello que dicen detestar.
¡Carpe Diem!: el pasado y el futuro no existen.
El presente sería lo único provisto de sustancia,
como si lo que ahora se da
agotara el acontecer y se expandiera
hasta el confín mismo del tiempo

 (...)

No obstante, señores, ustedes no son puro presente:
son una mezcla extraña entre lo que fueron y lo que serán;
mistura de lo tangible y lo intangible;
nudo en el que se cruzan lo hallado y lo enterrado.
Duración...

(...)

¿Saben? Lo peor de su pasión por el señor Keating
no es su pasión: es el señor Keating.
Les promete el cumplimiento del peor delirio:
la consecución de la inmediatez plena,
sin mancha ni retardo,
sin precisar de nada ni nadie.
"¡Escúchense a ustedes mismos!", dice.
No les advierte de que el rumor que oirán
ha sido siempre construido por los demás, por quienes no son ustedes.
Las voces de los demás nos han hecho,
están ahí, en nuestra intimidad más recóndita.
Y lo que oímos en forma de susurro propio
son sus frases, que pensamos nuestras.
No le crean a pies juntillas (...)

J. Jorge Sánchez. La vida de las imágenes. Luces de Gálibo. 2013.

El Sr Keating, en El club de los poetas muertos, incitaba a sus alumnos a arrancar páginas de los libros de texto, a vivir el presente, a escuchar su propia voz, a renunciar a la tradición y la disciplina para pensar por sí mismos y ser libres. Trasunto del tal Keating parece Cesare Cata, el profesor italiano que tanto está dando que hablar estos días y que ha sido noticia en todos los medios, ese cuya Buena Nueva (aunque de nueva tiene poco) está causando sensación y embeleso en las redes sociales.

De todos los titulares, yo me quedo con el de La Voz de Galicia: "los deberes para el verano del profesor más enrollado" porque refleja a la perfección qué se piensa ahí fuera que somos (o debemos ser) los profesores. 

"Pueden guardar lápiz y goma", subtitula La Voz de Galicia, pues "el método de Cesare Cata es revolucionario". Pues miren, no. Revolucionario sería defender más bien lo contrario. Y novedoso, lo que se dice novedoso...sin irnos más atrás, que podríamos, en 1989 se estrenaba la falaz "El club de los poetas muertos", en la que ya se nos adoctrinaba sobre lo innecesario de acudir a los textos sino a la voz interior de cada cual. Así que, como mínimo, el método revolucionario catánico (no confundir con catatónico) tiene veintiséis años. 

Lo triste de todo es que este listado de consejos de autoayuda, que alcanza cotas inimaginables de ñoñería borricase haya convertido en viral. Veamos cuáles son los mandamientos del Il professore (léanlo corriendo para que pase pronto) y podremos constatar el desprestigio al que han llegado conceptos como esfuerzo, responsabilidad, conocimiento, saber o cultura, y la obsesión por evitarlos, maquillarlos o rodearlos de imágenes new-age para evitar traumas o daños irreparables. 

1) Por la mañana, sal a caminar por la orilla del mar en total soledad: mira cómo se refleja el sol en el agua y, pensando en las cosas que te gustan más en la vida, siéntete feliz.
2) Trata de usar todos los nuevos términos aprendidos este curso: cuantas más cosas digas, más cosas puedes imaginar; y más libre te sentirás, la mayoría son gratis.
3) Lee todo lo posible, pero no porque sea obligatorio. Lee porque el verano inspira aventuras y sueños, y porque leyendo te sentirás como las golondrinas cuando vuelan. Lee porque es la mejor forma que tienes para rebelarte. (Para consejos de lectura, preguntadme, preguntadme).
4) Evita todas las cosas, situaciones y personas que te influyan de manera negativa. Acércate a las cosas estimulantes y busca la compañía de los amigos que ayuden a enriquecerte. A la gente que te aprecia tal y como eres.
5) Si te sientes triste o asustado, no te preocupes: el verano, como todas las maravillas, nos puede dar algún que otro problemilla. Intenta escribir un diario en donde plasmes tus sentimientos (en septiembre, si te apetece, podemos leerlo juntos).
6) Baila. Quítate la vergüenza. En la pista o en tu habitación. El verano es una fiesta y sería absurdo no formar parte de ella.
7) Al menos una vez disfruta del amanecer. Mantente en silencio y respira. Cierra los ojos. Siéntete agradecido.
8) Practica mucho deporte.
9) Si das con alguien que te gusta mucho, díselo con sinceridad. No importa si eres correspondido. Si no lo hace, es porque él (o ella) no iba a ser parte de tu destino. En el caso contrario, si eres correspondido, el verano del 2015 será la gran oportunidad para caminar juntos. (Si sale mal, vuelve al punto 8).
10) Recuerda lo aprendido en clases.
11) Sé alegre como el sol y salvaje como el mar.
12) No digas palabrotas . Sé siempre educado y amable.
13) Disfruta de películas conmovedoras, (si puede ser, en versión original) para mejorar tus habilidades lingüísticas y la capacidad de soñar. No dejes que las películas acaben con los créditos. Revívelas durante el verano.
14) Al menos en una ocasión, durante la luz centelleante o en las noches cálidas, sueña con cómo puede ser tu vida. Ten fuerza para no renunciar a nada. Inténtalo todo para conseguir ese sueño.
15) Pórtate bien.

No me quedan fuerzas para comentar cada una de estas recomendaciones (quizás en otro momento), tal es mi agotamiento espiritual, pero aún me queda un último aliento para implorar a quien corresponda la concesión inmediata del Global Teacher Prize al Maestro Cesare Bona, perdón, Cata, por su inestimable contribución a la enseñanza. Y a la humanidad. Qué pequeño se siente uno ante semejantes visionarios...

¿Continuará? 

lunes, 15 de junio de 2015

Elogio de la equidistancia (XII). A Zaragoza o al charco. El caso Zapata



Relata un antiguo cuento baturro, recogido ya en 1883 en “La Ilustración Española y Americana” que un día San Pedro, aburrido por no tener que abrir las puertas del cielo a nadie, pidió a Dios volver al mundo para ver qué pasaba allí abajo “que ni un mortal viene a vernos en tantos años y tantos”. Con el beneplácito divino, San Pedro bajó a la Tierra de un salto y apenas hubo llegado, camino de Zaragoza, se encontró con un baturro al que preguntó a dónde se dirigía.

-“A Zaragoza”, respondió el maño.
-“Si Dios quiere”, replicó San Pedro.

Pero el aragonés insistió sin corregirse: “Que quiera o no, voy a Zaragoza”, según la versión del brigadier don Romualdo Nogués, que en 1882 firmaba como “un soldado viejo, natural de Borja” en “El Averiguador Universal”.

San Pedro, contrariado y con las plenas atribuciones que de Dios tenía, convirtió al aragonés en rana y lo arrojó violentamente a un charco, donde estuvo el baturro unos cuantos años sufriendo las inclemencias del tiempo, las pedradas de los chicuelos y otras mil calamidades, prosigue la narración de Pascual Millán en “Caireles de oro. Toros e historia” (1899).

Cuando, terminada su misión, San Pedro se disponía a subir a los cielos, regresó al camino de Zaragoza para devolver al baturro a su ser y le volvió a preguntar a dónde se dirigía.

-“Ya lo sabes, a Zaragoza”, dijo más firmemente aún que la vez primera.
-“Si Dios quiere, hombre, si Dios quiere”, insistió San Pedro con paciencia.
-“Qué Dios ni qué... suplicaciones; ya te lo hi dicho: ¡A Zaragoza o al charco!”.

Y viendo el Apóstol que era inútil dominar aquel carácter, dejó al zaragozano seguir tranquilamente su camino”, finalizaba Pascual Millán.

Últimamente me he venido acordando de este chiste a raíz de la polémica suscitada por los desafortunados mensajes que escribió hace cuatro años en Twitter el concejal (de cultura ya no, veremos de qué) del recién conformado Ayuntamiento de Madrid sobre los que no vale la pena dar mayores explicaciones por ser de sobra conocidos. Más que la inconveniencia de hacer chanza sobre asuntos tan delicados, me interesa analizar las reacciones de muchas, personas no a los tweets en cuestión sino a las reacciones de los demás. Porque resulta sorprendente que el debate parece haberse dirigido, más que a discutir si los límites de la libertad de expresión o del humor son (o no) demasiado finos, si son (o no) aceptables ese tipo de diversiones... a juzgar a quienes opinamos al respecto. Ocurrió con las famosas viñetas de Mahoma y ha vuelto a ocurrir en esta ocasión. Y, otra vez, parece que en este país uno debe tomar una postura monolítica y, sea cual sea, se ha de llevar palos de unos y de otros. Como en el chiste de baturro, no hay más opciones que Zaragoza o el charco. 

Ya no sorprende que aquí pasemos de ETA a "la caverna" sin solución de continuidad. Pero sí choca que pocos sean capaces de admitir posicionamientos poco rocosos y susceptibles de matiz. Esto parece enojar a algunos, ávidos de confrontación y armados con una batería de ejemplos extraídos de la hemeroteca que, piensan, harán mella en tu débil carácter (sí, todavía hay quien confunde templanza con blandura -o peor: con indiferencia-) y te llevarán a desdecirte de todas tus manifestaciones (como si a uno le supusiera un trauma reconocer que estaba equivocado, si así fuera). Y así nos encontramos con salidas de tono, sutiles (y no tan sutiles) increpaciones y regañinas, a un lado y a otro de la trinchera.

Y sobre el asunto del tal Zapata, ¿qué opino? Opino que es penoso hacer broma con asuntos que han provocado tanto sufrimiento. Opino que debió haberse marchado antes pero que lo ha hecho y eso debe reconocérsele. Opino que la ejemplaridad es indispensable, hoy más que nunca, en un representante público. Opino que la libertad de expresión para hacer gala de tan cenutria vis cómica debe ser respetada, pero esto no quita para que deslegitime políticamente a quien la use en ese sentido. Opino que, en efecto, los mensajes susodichos han sido descontextualizados, lo cual no elimina la gravedad de la cuestión pero sí descalifica a quienes han pretendido sacar tajada política (en cualquier caso, esto será achacable al que haya pretendido sacar tajada política y solo a él -a ellos-). Opino que es cierto, como alguien ha defendido, que pedir dimisiones por algo así es (aunque éticamente necesario) poner el listón muy alto. Opino, como alguien más me ha hecho ver, que “el dedo acusador” no debe pasar de largo de los electores, pues “los cargos públicos son producto del voto emocional”. Opino que hay muchos más que deberían dimitir o ser cesados, pero que no por ello las gracietas de Zapata son más admisibles. Opino que, sea o no justo, aquellos que dicen formar parte de un nuevo tiempo en el que la política la hacen los ciudadanos, aquellos que han generado tantas expectativas y de cuya irrupción personalmente me alegro aunque no les haya votado (tampoco a los otros), en lugar de reconocer que no es decente (uso esta palabra pese a sus connotaciones porque es exactamente la que quiero emplear y porque refleja lo que pienso) que un concejal de cultura haya hecho estas bromas, que serían reprochables aunque no inadmisibles en un ciudadano corriente pero no lo son (admisibles) en un ciudadano que ha accedido a un cargo público, que en lugar de esto, digo, salgan con lo que dijo Pujalte. O lo que dijo Botella. O lo que dijo Aguirre. Ellos son los que quieren renovar la putrefacta política y no pueden caer en reacciones tan similares a las de cualquier político profesional de los de siempre. Opino que se está sobreactuando tanto por parte de quien poco menos que solicita penas de cárcel o lapidación pública y por parte de quienes se solidarizan con Zapata, poniendo el grito en el cielo ante tamaña campaña en contra de libre expresión. Opino, afirmo que se puede ser crítico con los mensajes de Zapata sin pedir cadena perpetua ni ser fan de Cospedal. Opino, afirmo que se pueden reprochar aquellos tweets sin que ello signifique que uno no tiene sentido del humor. Opino, afirmo, que el sentido del humor, la falta de sensibilidad y la mala educación son cosas distintas. Opino que quizás se trate, más de que una cuestión moral, de una cuestión de incapacidad intelectual, incapacidad social o sencillamente incapacidad política. Es habitual que la derecha se arrogue la autoridad moral y la izquierda la intelectual mientras políticos de derechas y de izquierdas demuestran a menudo con sus actos y sus declaraciones que andan muy justitos en ambas. Y, dicho esto, reivindico mi derecho a opinar, que también lo tengo. A opinar, a equivocarme y rectificar y a que mis opiniones se consideren mías y de nadie más, sin endilgarme etiqueta alguna en función de los prejuicios del etiquetador de turno. O sea, que a Zaragoza, al charco a donde me plazca. Y sin acritú, que diría aquel.

viernes, 12 de junio de 2015

Educación. Un poco de esperanza



Churchill se reconocía optimista "porque", decía, "no parece muy útil ser otra cosa". A raíz de una conversación con J.H., en la que mostraba su "desolación" como padre ante la lectura de lo que algunas personas críticas con el sistema acostumbramos a exponer sobre los asuntos educativos, me doy cuenta (en realidad, ya lo había intuido y tampoco es la primera vez que alguien me lo sugiere) de la visión tan amarga que a veces ofrecemos de un oficio, el de enseñar, que sigue siendo valioso y, pese a la actual coyuntura, hermoso.

J.H. manifestaba su inquietud ante el "terrible panorama", la "fatal travesía en el desierto" que  presentamos y, aunque entendía que en esta lucha que algunos llevamos a cabo uno de los grandes objetivos es intentar "cambiar conciencias dentro del gremio", se lamentaba de ese exceso de negatividad que no ayuda a quienes, como él, comparten nuestras reflexiones.

Este comentario, que considero más que pertinente, merece ser tenido en cuenta. Es cierto que defender la educación pública, algo en lo que uno cree todavía, debe hacerse desde un punto de vista crítico que aspire a alcanzar la mejor versión de aquella, pero también que una crítica despiadada al sistema quizás no permita disociar con eficacia la valoración que se hace del mismo y la que se tiene de la profesión, lo cual puede constituir, por un lado, un freno en el propósito de reformar la enseñanza y hacer de ella la palanca de ascenso social que debe ser  y, por otro, desmoralizar a los padres que, al fin y al cabo, están con nosotros en esto y no deben perder la confianza en nuestro trabajo.

Por lo que acabo de explicar, me comprometo, sin caer en la mansedumbre, desde luego, ni convertirme a la psicología positiva (que nadie se alarme), a tratar de buscar, siempre que sea posible, un "contrapeso" animoso que, como pedía J.H., "abra un margen de maniobra entretanto" combatimos el anti-intelectualismo, la superchería, el pedagogismo obtuso y el adoctrinamiento feliciano.

Y voy a empezar esta nueva etapa esperanzada criticando (esperen,  esperen que esta vez hay final feliz) los conocidos como "Premios Nobel de la enseñanza" o Global Teacher Prize. ¿De verdad es este el tipo de reconocimiento que busca un profesor? ¿Optar a 800.000 euros, portadas de revistas, entrevistas en los medios, conferencias en congresos de pedagogía...? No lo creo. C.A., a quien agradezco haber inspirado sin saberlo este artículo y haber reforzado mi determinación por evitar el derrotismo, reconocía, tras una conversación con una alumna, que "horas y horas de trabajo ante la pantalla, el papel y el aula quedan compensadas por esas palabras". Las palabras que escuchó las desconozco y, si las conociera, no soy quién para hacerlas públicas. Pero sí transcribiré las que una alumna me dijo a mí en cierta ocasión. Era una de esas que uno sospecha que no van precisamente por buen camino. Después de un llamativo cambió de actitud desde hacía varios días, se acercó a mí al terminar la clase para decirme: "Profe, gracias porque gracias a ti he descubierto que lo que me gusta es la música". Por supuesto, las gracias se las di yo a ella. Después me emocioné.