Que los políticos
utilicen conceptos históricos sin el más mínimo rigor no es algo que deba sorprender
a nadie. Puesto que en este blog el PP se lleva la mayor parte de los mandobles
(y así debe ser porque es el partido que gobierna y porque no deja de hacer méritos), hoy quiero comentar algo sobre la nueva
publicación digital denominada Tintaverde, procedente del Área de Educación de Izquierda Unida de Navarra, en la
que se incurre en la falta de prudencia habitual en la izquierda menos ilustrada
(o más anti-ilustrada). La revista acude al lema tinta verde para una marea verde, lo que evidencia que busca seguir la estela de la popular Marea
Verde en defensa de la educación pública (la del “escuela pública de
tod@os, para tod@s”). Escuchamos y leemos continuamente el listado de
calificativos que se vinculan con la futura ley de educación. Con algunas pequeñas
variantes (siempre hay que tener en cuenta el aderezo nacionalista), se incluyen
los siguientes: sexista, segregacionista, mercantilista, recentralizadora,
privatizadora, antidemocrática, competitiva,
impuesta, adoctrinadora, antidemocrática
y, cómo no, franquista (-“Tú no
tienes valores, toda tu vida es nihilismo, cinismo, sarcasmo y orgasmo” -“¿Sabes?
En Francia, con ese eslogan me habrían hecho presidente”-Woody Allen. Desmontando a Harry-). Izquierda Unida de Navarra, como otros sindicatos y grupos de la
izquierda oficial, hablan además de contrarreforma.
Volviendo entonces
al rigor histórico, todos sabemos que la Contrarreforma surgió
como respuesta a la Reforma Protestante
que, a su vez e influída por un cambio en la concepción del mundo a través del
humanismo renacentista (con quien compartiría el ataque a la teología oficial, la afirmación del papel central del hombre en el universo y el interés por la libertad de aquel) había pretendido acabar con los abusos de la Iglesia Católica . La Contrarreforma ,
reunida en el Concilio de Trento, supuso, entre otras cosas, la reimplantación
de los tribunales de la
Inquisición y la creación del Índice Librorium Proibitorium (lista de libros y dogmas contrarios a las ideas
defendidas por la
Iglesia Católica ). Puesto que no se entiende una contrarreforma
sin reforma previa, podemos afirmar que la comparación entre LOMCE y Contrarreforma
no se sostiene, como no se sostendría la comparación entre las Reformas
educativas anteriores (LOGSE-LOE) y la Reforma Protestante.
No parece tampoco que con la
LOMCE se pretenda quemar libros o recuperar la Santa Inquisición , pese a la vergonzosa
protección que el PP dispensa a la enseñanza concertada (cuestión esta que a determinadas
organizaciones, que han venido defendiendo la educación privada y la homologación
salarial de los docentes de la concertada, molesta ahora de forma repentina y poco
verosímil). Lo cierto es que precisamente las leyes anteriores son de todo
menos reformistas en el sentido que estamos utilizando. Y lo que necesita nuestro
sistema educativo es una auténtica reforma que devuelva a la escuela su función
primigenia: la de transmitir conocimientos para formar ciudadanos (cosa que, por
cierto, tampoco se conseguirá con la nueva ley).
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