martes, 22 de septiembre de 2015

Vive la France pédagogique



La noticia saltó hace pocos días cuando la ministra de Educación Najat Vallaud-Belkacem explicó en Le Monde la reforma de los programas educativos que entrará en vigor el próximo curso 2016-2017, algunos de cuyos puntos han generado controversia en el país vecino. Ha dicho la ministra que su "interés fundamental es que el aprendizaje sea sólido" y que pretende "verificar que los alumnos repiten y memorizan para dominar los saberes fundamentales", lo que pasa por "el entrenamiento cotidiano desde la escuela primaria". Para Vallaud-Belcacem, en el actual sistema educativo los conocimientos se construyen "sobre arena".

Antes de proseguir con las reacciones que se están produciendo en la France, quiero adelantar mi postura absolutamente favorable al empleo del dictado y el cálculo mental en la enseñanza, infantil, Primaria y Secundaria. Y también quiero aplaudir las declaraciones de la Sra Vallaud-Belkacem. Que una ministra de educación aspire a un aprendizaje "sólido" (frente a los pedagogos que buscan el aprendizaje etéreo), ya de entrada reconforta. Que hable de "repetir y memorizar" y de una "pedagogía de entrenamiento cotidiano y repetición para consolidar los saberes más simples antes de desarrollar los más complejos", resulta casi estremecedor. Por otra parte, cuando habla de conocimientos que se construyen "sobre arena" no podemos evitar pensar en el mainstream pedagógico patrio y volvernos un poco Trueba (solo un poco). Vaya, que una ministra así querría para "aquí" o si no un traslado a París para mí (a Wert se lo han concedido). Con este tipo de planteamientos, uno abrazaría la fe pedagógica de inmediato. "Entrenamiento cotidiano y repetición para consolidar  los saberes más simples antes de desarrollar los más complejos". No es extraño que tal discurso haya provocado una conmoción en el Parlamento. No quiero pensar lo que habría ocurrido aquí. Seguramente un cataclismo.

Siguiendo con la polémica, no puedo sino compartir, frente a la posición de los conservadores, la del Primer Ministro Manuel Valls, quien se preguntaba en una tribuna en el diario "Libération", recordando que los últimos informes de la OCDE tachan la educación francesa como una de las más desiguales de Europa: "¿cómo aceptar que un niño en una familia modesta tiene menos posibilidades de triunfar que un niño criado en una clase social más aventajada?". En la respuesta a esta pregunta, en el rechazo de esta posibilidad está, tal y como yo la entiendo, la razón de ser de una educación pública excelente.

La derecha francesa, mientras, tilda  la reforma de "mediocre" y de buscar una "igualdad a la baja" que no parece corresponderse con lo expresado por la ministra de Educación. Así, Bruno Le Maire, también en "Libération", acusaba a la izquierda de querer llevar a todo el mundo al 'Baccalauréat' [Bachillerato], cuando, según él, lo importante no es que lleguen sino "que consigan empleo". La "tasa de empleo" es lo primordial, para Le Maire. No puedo rebatir la necesidad de fomentar el empleo ni lo absurdo de que los alumnos lleguen a Bachillerato por llegar (¡qué nos van a contar a nosotros, el país de la promoción automática!), la importancia de que los jóvenes accedan al mercado laboral. Pero entiendo que deben acceder bien formados y que esta formación no puede estar únicamente orientada a lo técnico-profesional. Es decir: no es incompatible (o no debería serlo) el dominio de los saberes fundamentales con la inserción laboral.

Vayamos ahora con las principales novedades de la "refundación de la escuela" a la que aspira Madame Vallaud-Belkacem. Se basa en: el dictado, los ejercicios de cálculo mental y las lecturas obligatorias, a diario, en la Escuela Elemental, que corresponde a la Educación Primaria en España (de 6 a 12 años).

Respecto al cálculo mental, no debería ser necesario defender el aprendizaje de los números y el cálculo numérico como algo de vital importancia durante la formación y también en la vida cotidiana. Se suele objetar, en relación con este asunto, que un alumno no necesita aprender la tabla de multiplicar porque puede usar la calculadora, despreciando así la importancia de ejercitar la memoria, la concentración o la atención, conceptos estos también hostiles para el pedagogo posmoderno. Y no se trata tanto de hasta dónde puede llegar un alumno mediante el cálculo mental, no hablamos de competitividad o de prepararlos para un concurso televisivo sino precisamente de los beneficios que proporciona su práctica, del provecho que se obtiene de toda aquella actividad que estimula y favorece el ejercicio intelectual.

En cuanto al dictado, ¿de veras puede alguien repudiar el empleo de esta gran herramienta con un mínimo de seriedad y con argumentos consistentes?  Tan obsesionados estamos con facilitarlo todo, con apostar por el aprendizaje divertido (como si todo pudiera aprenderse de forma placentera, como si el esfuerzo solo pudiera desarrollarse previa motivación, como si el hecho de aprender algo que uno no sabe no fuera suficiente incentivo), tan interesados en confundir de manera intencionada la ejercitación de hábitos indispensables con la manida frase "la letra con sangre entra", tan innovadores queremos ser... que terminamos desechando lo que la tradición tiene de positivo.

- Es que el dictado no es un método innovador.
- Pero, ¿funciona?
- Pero es que no es divertido.
- Entonces, ¿qué queremos, que nuestros alumnos aprendan o que se diviertan?

Practicar dictados, copiar las faltas de ortografía en un cuaderno para fijarlas en la memoria (¡¡la memoria!!) y no cometer más los mismos errores es fundamental. Se está pidiendo al docente que innove, que empatice, que entretenga, que motive... cuando lo que se le debe exigir es que sepa expresarse, transmitir, dictar, entonar para que esta entonación se refleje en la puntuación y los alumnos aprendan a usarla correctamente... Cuando un alumno copia un dictado y lo corrige en clase, casi sin querer ha leído el texto tres veces; no solo ha trabajado la ortografía sino que también ha comprendido el significado de las palabras, ha favorecido la caligrafía (¡¡caligrafía!!). El dictado puede dar pie después a una redacción que el propio alumno puede continuar para practicar la coherencia en la escritura. Etcétera.

Escribía Antonio Gramsci, en una carta sobre la ortografía [1]:

Queridísimo Carlo, [...] Besa mucho a Edmea de mi parte y [...] dale las gracias por sus expresiones muy gentiles y muy bien dichas. Pero me parece que, aunque compone bastante bien y sabe poner en frases espontáneas y vivas sus sentimientos, comete un número de penosas faltas de ortografía demasiado grande incluso para una escolar que está apenas en tercero. Debe de ser poco atenta y siempre con mucha prisa: pienso que, incluso, al hablar parecerá algunas veces un torbellino y se comerá la mitad de las palabras, tragándose la erre con particular gusto. Es necesario estar atentos para obligarla a hacer los deberes con diligencia y con mucha disciplina. En las escuelas sardas de aldea sucede que una niña, o un niño, que en casa ha sido acostumbrado a hablar el italiano (aunque poco y mal), por este mero hecho se encuentra que es superior a sus condiscípulos, que conocen sólo el sardo y, por consiguiente, aprenden a leer y a escribir, a hablar, a componer en una lengua completamente nueva. Los primeros parece que sean más inteligentes y despiertos, aunque a veces no es así, y por eso en la familia y en la escuela se desatiende el habituarlos al trabajo metódico y disciplinado, pensando que con su “inteligencia” superarán todas las dificultades, etc. Ahora bien, la ortografía es precisamente el puente de asno de esa inteligencia. Si Mea no estudia bien y no se corrige de esta deficiencia, ¿qué se podrá pensar de ella? Se pensará que se trata de una de esas niñas que llevan lazos en el pelo, los vestiditos bien planchados, etc., y luego llevan las braguitas sucias. Díselo con cierto tacto, para no causarle demasiado disgusto. Su figurita no me gusta en absoluto: no hay ni pizca de espontaneidad ni de gusto. Sin embargo, estaría muy bien que aprendiera un poco de dibujo. [...].


[1] ["La educación de Edmea y sus problemas con la ortografía". Elogio de la diligencia y del trabajo metódico y disciplinado. Carta nº 135. 31 diciembre 1928. La traducción es de Salustiano Martín, a quien agradezco la difusión de esta carta.]

lunes, 21 de septiembre de 2015

Mérito docente. Obras son amores o el día de la marmota.


Todo el mundo conoce el dicho "Obras son amores y no buenas razones", un refrán popular que sirvió de título a Lope de Vega para una de sus comedias y que trata de exponer algo así como que, en materia amorosa, mejor dar pruebas a la persona amada del amor que se le profesa que repetirlo sin demostrarlo. La frase se emplea también cuando alguien habla mucho pero no cumple después con lo declarado. Así que encaja de maravilla con las bienintencionadas manifestaciones de nuestros gestores educativos.

En la enseñanza, oficio en el que el profesor de secundaria no tiene carrera profesional ni visos de promoción (mientras no se digne la administración a convocar cátedras, que es casi lo único a lo que podemos aspirar), es habitual escuchar y leer apoyos políticos (testimoniales) al docente que casi nunca van acompañados de decisiones que demuestren que de verdad se nos valora. Y no me refiero a la restitución de la mensualidad que "voló", al aumento de carga lectiva sin incremento salarial (o sea, a la baja de sueldo) o a la eliminación de jefaturas de departamento, que también, sino a la estimación de los méritos que un profesor va acumulando a lo largo de su trayectoria laboral.

Como cada año antes de que se publique la convocatoria de concurso de traslados, escribo el artículo de rigor, lamentándome de un baremo hecho a medida, no del profesor, sino del cargo directivo o del administrativo, un baremo que, para colmo, está muy lejos de ser transparente. Su modificación, por más que haya quien lo niegue, es perfectamente posible (y más este año que el concurso es autonómico), pues el Real Decreto 1364/2010 establece solo los topes generales en la valoración de cada apartado, mas no la distribución de las puntuaciones máximas dentro de estos apartados. Tampoco dice nada sobre cómo deben acreditarse los méritos para su reconocimiento, quedando esto, también, a expensas de su concreción por la de las comunidades autónomas. Revisarlo o no es, por lo tanto, una decisión política.

Pues bien, este año escribo mi tradicional queja un mes antes de que se convoquen traslados, confiando en que el nuevo Consejero de Educación tras el cambio de Gobierno sea, por fin, receptivo (risas). Estoy seguro de que alguien que ha cursado Magisterio, dos licenciaturas (en Ciencias Eclesiásticas y Filología Hispánica) y estudios de Doctorado (En Geografía e Historia), y que incluso participó en el programa de TVE "Saber y ganar", donde consiguió convertirse en uno de los seis "magníficos" de ese año, estará de acuerdo conmigo en que esta reivindicación es razonable y justa. Trataré de resumirla en solo tres puntos:

1º. El baremo desprecia los méritos académicos y docentes y sobreestima los que tienen que ver con el desempeño de cargos directivos o administrativos en el Departamento. Así, un profesor podría permanecer diez años ocupando un cargo de libre designación y alcanzar la puntuación máxima sin necesidad de acreditar ni un sólo mérito académico o docente.

2º.- No existe ningún control de la "calidad" y seriedad de los cursos que se justifican como formación.  Por si esto fuera poco, los criterios de las comisiones de valoración no son públicos, luego son desconocidos por los concursantes, que presentan la documentación con las mismas posibilidades de acertar con la puntuación que quien echa la quiniela.

3º.- Para evidenciar cómo entiende la Administración el concepto "mérito", lean: se conceden 15 puntos por servicios prestados en jefaturas, asesorías o Inspección, mientras se limita a 8 los que se pueden obtener por publicaciones; se asignan otros 15  puntos por servicios prestados en jefaturas, asesorías o Inspección, cuando son solo 2,5 los que se pueden lograr por premios de ámbito autonómico, nacional o internacional, por premios en exposiciones, concursos o certámenes de ámbito autonómico, nacional o internacional, composiciones o coreografías estrenadas como autor, grabaciones con depósito legal, conciertos, exposiciones individuales o colectivas… en fin, una desproporción sonrojante a la que hay que sumar exigencias tan absurdas como la necesidad de presentar físicamente todas las publicaciones, junto con un certificado de la editorial (debería bastar con este pedir solo una de las dos cosas) o la negativa a establecer unos criterios de valoración transparentes, definidos y públicos.

Un funcionario adquiere su condición en base a los principios de transparencia, mérito y capacidad, los cuales deben regir todo procedimiento relativo a la función pública. Y estos baremos son absolutamente contrarios. Pero no solo deben reformarse por respeto a estos principios sino, por encima de todo, por respeto a quien ha decidido dedicar su esfuerzo, conocimientos y capacidad a una profesión volcada a la sociedad y que, como todo trabajador, necesita sentirse reconocido, respaldado y estimulado.

Hala. Ya lo he dicho. Otra vez. 

¡Arriba, profesores! ¡Hoy es el día de la marmota! Preparaos porque vuestros méritos no valen para nada mientras sean académicos o profesionales. ¿Dónde creíais que estábais, en una sociedad meritocrática?

viernes, 18 de septiembre de 2015

España debió perder. Una crónica para docentes.


Sé que no es un buen día para decirlo, pero alguien debe hacerlo. España (perdón, la selección estatal -no está en mi ánimo ofender a nadie-) no debería jugar la final del Eurobasket. Y no la debería jugar por una simple cuestión de equidad, inclusividad y algunas otras razones que esgrimiré a continuación para defender que no es justo que Francia, con ese himno tan bonito que hasta salía en Casablanca, se pierda la final.

Primero: ¿Acaso (uy, uy, uy) Francia no merece el mismo reconocimiento que España? Alguno me dirá: “pero España ganó”. Ya, ¿y solo por eso deja a Francia sin su final? Yo apuesto por un Eurobasquet inclusivo y no segregador en el que nadie destaque y, por supuesto, nadie quede atrás. La equidad, amigos, es nuestra Utopía. 

Segundo: ¿No será una mala influencia para nuestros jóvenes el exceso de competitividad de Gasol y compañía? ¿Qué opinaría al respecto un psicobaloncescista? Nada bueno, seguro. Tanta ambición no puede ser positiva para nadie. 

Tercero: Estoy convencido de que los franceses, que conocen sin duda a Paulo Coelho (sus libros han sido traducidos a más de setenta idiomas, así que al francés, con toda seguridad), habrán deseado con todas sus fuerzas ganar el partido de ayer, incluso lo habrán visualizado. ¿¿Qué ha podido ocurrir?? Descartando que Coelho pueda estar equivocado, alguna culpa de ello tendrá nuestra selección, digo yo. ¡Malditos arrogantes faltos de empatía! ¿Se fijaron en cómo, de forma insultante, defendían cada ataque del contrario, cómo iban, como la insolente hormiguita, anotando punto a punto, tiro libre a tiro libre, acortando distancias, perseverantes? (¡Perseverantes!) Y aún se permitió Gasol decir que iban "a por el Oro". ¡¡¡Elitismo!!!

Cuarto: ¿Y qué ha fallado en Francia? Diría que ha sido un conjunto de factores, como:

a.- Un posible exceso de autoritarismo de su míster. Quizás, en lugar de establecer el sistema de entrenamiento mediante una tertulia dialógica o una democrática asamblea con sus jugadores para adaptar los entrenamientos a la diversidad de intereses y capacidades, impuso de forma tiránica lo que debía hacerse. Y ya se sabe que esto no funciona. Y además está muy feo.

b.- Puede ser también que el entrenador no haya sido capaz de motivar a los jugadores franceses y que estos olvidaran durante el último cuarto y la prórroga los consejos de Coelho. En este caso, quedan disculpados y la Federación francesa tendría que destituir de inmediato al entrenador, que no debería ejercer nunca más.

c.- Se me ocurre también que el míster galo quizás se haya quedado anclado en el baloncesto tradicional, ese que los carcas dicen que tiene como fin encestar. Sugiero que desde ¡¡YA!! se plantee adaptarse al siglo XXI y comience a fomentar en sus chicos otros valores más acordes con los tiempos, a trabajar las inteligencias múltiples, a innovar, a dejarse de tanto tirito y tanto bloqueo y apueste de una vez por las nuevas tecnologías. Y de paso, que olvide las aburridas charlas en el vestuario. ¿Qué les va a enseñar a sus jugadores en una época en la que todo se encuentra en internet? ¿Es que Parker no tiene un smartphone en el que instalar una aplicación de pizarra táctica?

Aquí quedan estos consejos de experto. Tómenlos en cuenta. Soy músico y no he jugado al baloncesto más que con los amigos y hace años, pero he visto muchos partidos de baloncesto y les aseguro que sé de lo que hablo. 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Spiderman o la innovación en política


¿Recuerdan el chiste de los dos vascos que salen al monte a por setas, aquel en el que uno le dice al otro que ha encontrado un rólex y este le pregunta, molesto, si han ido "a setas o a rolex"? Es posible que Patxi tuviera parte de razón en que uno debe tener claro el objetivo cuando se embarca en algo. No era para tomárselo a la tremenda, es verdad, pero en estos tiempos en los que la seriedad solo tiene connotaciones negativas, uno casi se identifica con Patxi. ¿A qué vamos, a setas o a rolex? ¿a cómics o a política? O sea, ¿a qué estamos jugando? O mejor dicho, ¿es la política un juego?

Viene esto a colación de la penúltima polémica (¡cómo nos entretenemos con estas cosicas!) suscitada en el panorama político foral. Ocurrió durante el desfile del Privilegio de la Unión, el pasado 8 de septiembre, un acto tradicional  que evoca el documento firmado en 1423 por Carlos III el Noble mediante el que quedaban unificados los tres burgos que por entonces existían en la ciudad de Pamplona: San Nicolás, Navarrería y San Cernin. Es, por lo tanto, la conmemoración de un hecho histórico que todos los pamploneses celebran sin atender a la ideología del vecino.

Como todo ayuntamiento "moderno" que se precie (y el de EH BILDU, claro, también lo es), el primer paso para "innovar" es modificar las tradiciones porque, como bien saben todos, las tradiciones son todas malííísimas (como si una comparsa de gigantes fuera comparable al Toro de la Vega de Tordesillas), así que, de entrada, se eliminó la misa porque, faltaría más, hay que dar al evento un "carácter civil". Imagino que la entrada de algunos a la Catedral de Pamplona para visitar el sarcófago de Carlos III estaría acompañada de todas las medidas de seguridad posibles por si alguno sufría un desmayo ante la presencia de elementos religiosos (que de todo se puede encontrar uno en una iglesia) y pudiera ser atendido con toda inmediatez.

Pues bien, una vez suprimida la subversiva misa para no ofender a los ciudadanos laicos (de todos es sabido que Pamplona es una ciudad poco religiosa y que las fiestas de San Fermín no tienen nada que ver con un misionero cristiano que, según la tradición, debió vivir hacia mediados del siglo III y ser el primer obispo de Pamplona. Hasta es muy probable que algún cura malvado quisiera imponer un cariz religioso a la fiesta que seguramente en sus orígenes no se llamara de esta manera tan ultrajante sino, quién sabe, "Fiestas del peluquín", del "botiquín", del "parlanchín" o del "monopatín")... decía, disculpen, que una vez suprimida la subversiva misa, y después de valorar, me figuro, con mucho detenimiento si se podía salvar de la quema la tradición de la Comparsa (finalmente se decidió que sí; al fin y al cabo, aunque reyes, los gigantes son de diferentes razas y este toque multicultural siempre es moderno, y además "kilki" y "zaldiko" son palabras en euskera), tocaba juzgar la indumentaria. Vayamos pues con el tema de la vestimenta.

Los corporativos desfilan hasta la Catedral con traje de gala, no porque el reglamento obligue, sino porque es la tradición, una tradición que el propio alcalde siguió, pero que no siguieron otros como la concejala de I-E Edurne Eguino, quien vistió de calle. Puesto que la normativa no impone, parece, el traje tradicional, nadie podría recriminar a la concejala su indumentaria. Y de hecho, su atuendo no generó la controversia que sí provocó (y elijo la palabra "provocó" con intención) el concejal de Aranzadi (Podemos) Armando Cuenca (concejal-delegado de Ecología Urbana y Movilidad), quien se presentó en el desfile con una bonita camiseta de su héroe favorito, que no es Aitor sino..."el asombroso Spiderman". Tal como lo leen. El propio Armando es hoy portada con su bici en Diario de Noticias (¿posado o robado?) y lo explica con argumentos sólidos en una extensa entrevista que concede a este periódico que demuestra que lo último que quería era buscar protagonismo. Dice Armando Cuenca/Peter Parker que le gusta Spiderman, no por ser americano, que nadie se alarme, sino porque es un tipo que "lo pasa mal y no llega a fin de mes" y, sin embargo, "ayuda a sus conciudadanos". ¿Cómo? ¿Qué no les parece convincente? Pues no sé qué quieren, la verdad...un muchacho que va en bici y asume la concejalía de movilidad urbana, que está "por el cambio político y social" y prefiere una camiseta de Spiderman a un traje del siglo XIX (¡del XIX! Pues no hace años ni nada...) y que, además, refleja mediante su cuidada estética arácnida la lucha que libra día a día por los derechos de los más débiles. Pedimos coherencia a nuestros políticos pero luego...


Pongámonos otra vez serios y retomemos las diferentes connotaciones que la RAE otorga a esta palabra tan maltratada en estos tiempos: "seriedad". No creo que un político (o alguien que como Armando, da el salto a la política) tenga que comportarse de forma "grave", mostrarse con "semblante severo" o sentirse demasiado "importante", pero sí pienso que un servidor público, un representante de los ciudadanos, debe ser "real, verdadero y sincero, sin engaño o burla, dobles o disimulo". Esta es la connotación que a mí me gusta. Y es en este sentido en el que me parece criticable la gracieta del "hombre araña". No es lo mismo ser serio que ponerse serio o que tomarse las cosas con seriedad. La seriedad en un político ha de ser entendida como prudencia, respeto, formalidad, compromiso. El político debe tener también la capacidad de asumir una equivocación y de entender que de estas se aprende más que de los aciertos. No es esto lo que está haciendo el concejal Cuenca, pues en la entrevista mencionada, aunque se disculpaba si había ofendido a alguien, aseguraba que lo ocurrido había servido para mostrar dos extremos que, según él, son: la camiseta de Spiderman y el traje tradicional. Volvemos, como siempre, a la confrontación artificial entre frivolidad y tradición. Se debe respetar la tradición cuando esta merezca ser respetada y, cuando no (recordemos nuevamente la tradicional barbarie de Tordesillas), entonces sí, eliminémosla. Pero el concejal de Aranzadi, que perfectamente pudo dejar de asistir al desfile, optó por el cachondeo y por tomarse a guasa un desfile que para otros (no para mí, por cierto) es algo emotivo y representativo de su ciudad. En definitiva, prefirió ir a cómics cuando tocaba ir a política. No voy a rasgarme las vestiduras como hizo UPN abandonando el desfile. No creo que la ocurrencia deba tener mayor trascendencia. Lo que me preocupa es que lo considero un síntoma de algo que está ocurriendo en la política con la llegada de nuevos partidos y nuevos políticos, jóvenes políticos que confunden renovación y reforma con mudanza. Como en la educación, innovar puede ser positivo o estúpido, depende de si mejora lo que había. Y  la  política, como la enseñanza, es una cosa seria. Acercarla al ciudadano no significa ser un notas o hacer el ganso. Para hacer esto en lugar de proponer, convencer, gestionar y mejorar la situación de todos, mejor sería dedicarse a otros menesteres. Como dijo un trabajador a Artur Mas el otro día, cuando este acudía a dar un mítin: "menos tonterías y más ocuparse de los problemas de la gente". Eso dice que quiere hacer Podemos. Pues nada, ahora a ver si Queremos. Y si Sabemos.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Privado-público. The show must go on


El "cambio político y social" (así lo llaman) vivido en estas tierras forales no parece haber modificado en exceso el debate educativo. Seguimos con las mismas polémicas de siempre: euskera, público-privado, recortes...

Sobre esto último, repetiré lo que he dicho en otras ocasiones: ni los recortes son, como algunos (muchos) aseguran, LA CAUSA del declive educativo ni, como otros intentan defender, son inocuos y/o inexistentes. Digamos que debilitan al paciente y agravan sus síntomas, pero no han provocado la enfermedad. Y, por otra parte, estos recortes son uno más de los sensibles gestos de una clase política que solo de boquilla tiene en cuenta a los docentes. Y solo para que le sirvamos de carnaza de cara a la contienda electoral.

En relación con la controversia entre red pública y red privada, no voy a entrar a valorar si los centros que segregan en función del sexo consiguen mejores resultados académicos que los que no, pues desconozco los datos. Tampoco me preguntaré si cuando se habla de "libre elección de centro" no se querrá decir "libre y subvencionada elección de centro". Ni siquiera diré si me parece bien o mal que se subvencione a los centros del Opus Dei (bueno, sobre esto prefiero que no haya dudas: me parece mal). Lo cierto es que, equivocado o no, defiendo los servicios públicos por pura convicción y considero que la red pública debe ser el eje del sistema. Si la concertada debe ser subvencionada o no y de qué forma o mediante el cumplimiento de qué requisitos, es algo sobre lo que quizás en otro momento me extienda. Lo que ahora quiero denunciar es, una vez más, el uso político de la educación, reflejado en continuas contradicciones y ambigüedades, en brindis al sol y rasgamientos de vestiduras, en aparentes (pero solo aparentes) desacuerdos ideológicos. Veamos.

El gobierno anterior, oliéndose el fin de su mandato, renovó los conciertos a los dos centros privados mencionados para la siguiente legislatura, durante la que, presumiblemente, no iba a seguir gobernando, es decir, hasta el curso 2020-2021 (según etapas educativas). El 25 de marzo, dos meses antes de las elecciones que, en efecto, se saldaron con un cambio de gobierno, UPN, partido que entonces gestionaba la comunidad foral, aprobaba un gasto de 459 millones de euros para renovar los conciertos de los 65 centros que forman la red privada-concertada en Navarra, a los que hay que sumar los 107,5 millones que ya había destinado el curso pasado para financiar les Infantil y Bachillerato.

Por su parte, los partidos que han constituido el nuevo ejecutivo (Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra) aprobaron en su Acuerdo de Gobierno su "posición política clara de aplicar la Ley Foral 17/2012" que impide la concertación a los centros que segregan por sexo. Pero, puesto que la LOMCE blinda los conciertos a este tipo de centros (que en Navarra son Miravalles-El Redín e Irabia-Izaga, ambos pertenecientes al Opus Dei), ¿qué capacidad puede tener la Ley Foral 17/2012, aprobada en esta comunidad por parte de los partidos de la oposición y que impide concertar centros que segregan por sexo, para cambiar esta situación?

Aquí dejo algunas preguntas más:

¿Desconocían los integrantes del nuevo gobierno que existe una nueva ley educativa que "blinda" los conciertos a este tipo de centros? ¿sabían cuando afirmaban ser contrarios a la segregación y defender "lo público" que el anterior gobierno había renovado los convenios para los siguientes cuatro años? ¿eran conscientes de que una ley orgánica (la LOMCE) tiene mayor rango legal que una ley foral (la 17/2012) y que la primera, en su artículo 84.3, señala que “no constituye discriminación la admisión de alumnos y alumnas o la organización de la enseñanza diferenciadas por sexos” y añade que esta elección en ningún caso podrá implicar “un trato menos favorable, ni una desventaja, a la hora de suscribir conciertos con las Administraciones"? ¿Cuál es entonces el motivo de manifestar una "posición política clara" para la aplicación de algo tan difícil de aplicar? La propia presidenta, Uxue Barkos, reconocía ayer mismo que no sabe si se podrá poner acudir a la ley foral mientras esté vigente la LOMCE. Una última pregunta, no directamente relacionada con la segregación pero sí con la educación privada: la "inequívoca apuesta por lo público" de este gobierno, ¿cómo se concilia con la subvención y "trato especial" (Presidenta Barkos dixit) a las ikastolas (todas ellas privadas)? ¿No deberíamos hablar más bien de "moderada apuesta por lo público" o de "selectiva apuesta por lo público"?

En cuanto a la ya derrocada Unión del Pueblo Navarro, que no se despistó un segundo para no dejar sin conciertos (por lo que pudiera pasar) a los centros concertados tras las elecciones, mis preguntas son: ¿es legítimo renovar esos conciertos a un mes de las elecciones? No hablo de legal, sino de legítimo, de ético. Y una pregunta más, para todos ellos, gobierno y oposición: ¿se han planteado unos y otros qué deben hacer como representantes públicos respecto a la convivencia (o no) de estas dos redes y a su gestión, sin tener en cuenta cómo valorarían sus votantes, afiliados y simpatizantes su postura (sin que la condicionen) sino lo que es mejor y más justo? ¿Serán capaces de tomar una decisión valiente y razonada al respecto? No lo creo. Seguiremos alimentando la polémica para, mientras nos entretenemos con esto, no pensar en otras cosas. Y así ellos tendrán motivos para enzarzarse en el Parlamento y en los medios. The show must go on.


martes, 15 de septiembre de 2015

Yo he venido aquí a hablar de mi libro (IV). Ya tenemos fecha.

Ya tenemos fecha, al menos aproximada. La publicación de mi libro está prevista para febrero de 2016. En este momento, el texto está a punto, a  punto de ser el definitivo. Dos matices por encontrar para que el libro plasme de la forma más fiel posible lo que pienso (de eso se trata: de que, se esté de acuerdo o no conmigo, sea en todo caso reflejo de mi manera de ver la educación), tres o cuatro frases que no terminan de quedar claras...y la búsqueda de un título final que encaje bien con lo que quiero contar después.

Y para terminar, una reflexión sobre la larga y provechosa conversación de hoy con mi editora. ¿Por qué las personas somos a veces tan reacias a compartir con los demás nuestro entusiasmo? ¡Qué gusto que alguien te diga que le hace mucha ilusión publicar lo que has escrito! No más ilusión que a mí, desde luego. Con todas las incertidumbres sobre la valoración que se le dé después, que son, creo, las lógicas, solo puedo decir que estoy entusiasmado y feliz de haberme embarcado en una aventura desconocida que de momento ya me ha deparado nuevas experiencias y me ha servido para aprender mucho.


O sea, que estoy entusiasmado. 


viernes, 11 de septiembre de 2015

Descubrimientos que cambian el curso de la historia


¡Qué verdad es esa de que nunca debe perder uno la fe en la humanidad! Tanto pesimismo, tanta desconfianza... que si los políticos, que si los pedagogós, que si los charlatanes, que si las pseudociencias, que si Bustamante y Melendi, Coelho y Punset... y, sin embargo, siempre podremos contar con mentes lúcidas capaces de cambiar el curso de la historia. Hoy he sido conocedor de dos de estos acontecimientos extraordinarios.

El primero es el hallazgo de vasos linfáticos en el cerebro, algo que podría cambiar la forma en que entendemos la relación entre el sistema nervioso y el sistema inmunitario y también modificar lo que creíamos saber sobre el envejecimiento y sobre enfermedades como el alzheimer. Debemos agradecérselo a un neurólogo llamado Antoine Louveau, neurólogo de la Universidad de Virginia.

La segunda gran revelación debería conmocionar el mundo de la pedagogía en mayor medida, si cabe, que las croquetas pedagógicas de la sin par Mary Happens: la Universidad  Francisco Vitoria ha encontrado, ¡por fin!,  el secreto del éxito académico, que estaba más escondido que los vasos linfáticos en las meninges hasta que llegó el Doctor Louveau. Han sido muchos años de intensa búsqueda de los motivos por los que no llegábamos nunca a alcanzar esa noble aspiración de la educación inclusiva de todos y todas los alumnos y alumnas, ese sueño de que todo el alumnado llegue al mismo punto en su formación sin que nadie quede atrás en una utopía de equidad y magnanimidad happyflower y trending toppic, de buenas intenciones y mejores deseos... Atiendan y no busquen más:

Según un estudio realizado entre 2.100 alumnos de toda España con un expediente de 9,2 de media, un 43,3% de los andaluces consultados afirmó (ojo, sin complejos y casi con orgullo) que dedica más de diez horas de estudio cada semana después de clase, sin contar lo que aprenden durante el horario lectivo. Además, el 26,7% aseguró estudiar entre 5 y 10 horas semanales, y el 25,9%, entre 2 y 5.  Sí, damas y caballeros, la clave de los bachilleres más brillantes resulta que no es la Motivación. Tampoco la Empatía, la Orientación Psicopedagógica o el Coaching. La clave es que son más aplicados que el resto y estudian más de diez horas a la semana.

Dicho queda para la posteridad: los alumnos brillantes... se esfuerzan más.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Congoja


Una imagen ha dado la vuelta al mundo: un niño sirio (tres años tenía) aparecía muerto en la orilla de una playa turca al huir de la guerra.

Mucho se ha hablado y escrito al respecto. Personas que se avergüenzan de ser europeas, incluso de ser personas. Gentes "moralmente intachables" indignadas y gentes "moralmente intachables" indignadas ante la "sospechosa", insinúan, indignación de los otros.

A mí no se me ocurre mucho que decir. Solo puedo compartir la pena. Y hacerlo de manera egoísta: cuando vi la imagen, en lo primero que pensé fue en ir a abrazar a mi hijo mayor, que tiene un año más que el niño sirio y hace bien poco miraba así hacia la playa, confiado, seguro y feliz. 


lunes, 3 de agosto de 2015

Pedagogía y moda (VII). Apostilla al Flipped Learning.


Me escribía hace pocos días una alumna de Bachillerato de un centro privado-concertado de Cataluña para pedirme que le respondiera a unas preguntas en relación con el método “The flipped classroom”, del que hablé hace poco aquí. Está preparando, me contaba, “un trabajo de investigación” para saber si puede ser (“o no”) un “buen método”. Había leído este blog (¡!) y deducido que no estoy “muy convencido”.

Por supuesto, le contesté que le daría mi opinión encantado. Una estudiante de Bachillerato interesada en conocer la opinión de alguien que, en principio, tiene una valoración negativa del método sobre el que busca información y, además, me escribe con cortesía y sin (apenas) faltas de ortografía, bien merece que se le dedique un tiempo.

Transcribo pues las preguntas y las respuestas que acabo de enviar a M.G. y le deseo suerte en su investigación.

¿Cree que el método “The flipped classroom” puede obtener resultados positivos o no?¿Por qué?

No lo conozco tanto como para pronosticar si puede o no obtener buenos resultados, así que debo basarme en lo que intuyo e interpreto a partir de las noticias que he podido leer referidas a este método y, en este sentido, lo que puedo decir es que no comparto los planteamientos. En primer lugar, no creo que la enseñanza, entendida como la transmisión de conocimientos y valores universales, deba ser reformulada, ni que toda innovación por el hecho de aportar novedad vaya a mejorar la formación de los alumnos. En segundo lugar, pienso que son quienes consideran que este tipo de metodologías funcionan los que deberían demostrarlo con datos y evidencias. No parece sensato que los demás debamos aceptar que son unas metodologías prodigiosas por una cuestión de fe. ¿Existen estas evidencias?

¿Por qué cree que el alumno no debe ser el protagonista de su aprendizaje? ¿No es importante que el alumno sienta que tiene capacidad para superarse en sus resultados?

No es exactamente así. Lo que defiendo es que las decisiones en materia académica corresponden al profesor y que la relación entre este y el alumno debe ser vertical, es decir, jerárquica, sin que esta jerarquía (no debería hacer falta aclararlo, pero los tiempos obligan a hacerlo) suponga ningún tipo de opresión sino que se deriva sencillamente de algo tan obvio como el maestro es el que sabe y el alumno el que no. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, desde luego que es importante que el alumno sienta que puede superarse (siempre que esto se base en la realidad, pues hay alumnos con mayor y menor capacidad), pero es difícil que un alumno sienta que puede superarse cuando el sistema tiende a igualar a todos en el punto de llegada, transigiendo con quien hace mal las cosas y dejando de reconocer a quien las hace bien, y evitando que unos (aunque lo merezcan) destaquen sobre otros.

Veo que tampoco está muy de acuerdo con algunas cosas de los cuatro pilares. El primero, el ambiente flexible, ¿que el alumno decida lo que quiere hacer en la escuela en un momento determinado está relacionado con que en casa y en cualquier otro ámbito el niño también quiera hacer lo que le apetezca o se pueden separar los estudios del resto de actividades?

No, los ámbitos familiar y académico son distintos. Pero pienso que en ninguno de ellos debe ser el alumno (o el hijo) el que decide, sino el adulto (el maestro, el padre). Fundamentar la enseñanza o la educación en que el niño, el alumno, el menor, haga "lo que le apetezca" me parece un punto de partido erróneo, cómodo "a la corta" pero peligroso y perjudicial "a la larga".

En el segundo y tercer pilar habla de los contenidos, el niño no tiene grandes conocimientos del tema pero a partir de un vídeo y otros recursos que evidentemente el profesor le da, ¿cree que el niño no es capaz de realizar actividades y dialogar con su profesor y el resto de alumnos para profundizar en el tema que se está trabajando?

El vídeo, como bien dices, es un recurso. Uno más. La principal herramienta de un docente sigue siendo la palabra y su cualidad fundamental, el conocimiento. Que el alumno realice actividades o dialogue con sus compañeros sobre lo que se está tratando en clase no es algo novedoso. Se ha hecho toda la vida. Venderlo como innovador es casi fraudulento.

El método “The flipped classroom” está estrechamente relacionado con la tecnología, este no cree que es un modelo a seguir pero ¿cree que se debe utilizar algún modelo que sí utilice la tecnología o enseñar de manera tradicional? ¿Por qué?

¿Qué significa “enseñar de manera tradicional”? La enseñanza, ya lo he dicho, es una actividad tradicional. La tecnología puede ser un buen apoyo. Enseñar "a la manera tradicional" no es incompatible con el uso de la tecnología. No reniego de la tecnología (sería absurdo) sino de la postración del docente ante ella.

Por último, cree que “The flipped classroom” o algún otro método relacionado con la tecnología podría ser aplicado a la educación infantil? ¿Les serviría a los niños o no aprenderían?

La etapa en la que yo enseño es la Secundaria, así que debo referirme a ella. Es probable que determinadas metodologías puedan aportar más en etapas tempranas como la Infantil que en posteriores niveles pero, en general, opino que se está orientando la educación en un sentido equivocado al confundir las prioridades (por ejemplo, la necesaria socialización no puede enterrar al aprendizaje, ni siquiera en Infantil) y pretender eliminar aspectos tan básicos como la ya mencionada verticalidad entre maestro y discípulo o la imprescindible apelación al esfuerzo individual del alumno, que no debe ser el eje del sistema educativo sino el destinatario y también el principal responsable. 

miércoles, 29 de julio de 2015

Yo he venido aquí a hablar de mi libro (III). Con aliento renovado



El mes de julio está siendo tiempo de descanso antes de comenzar la relectura del libro, que tendrá lugar entrado el mes de agosto y que abrirá el período de edición propiamente dicho. Será entonces cuando toque darle unas vueltas más a la estructura y los capítulos, revisar, actualizar, quizás añadir, suprimir o recortar…y decidir el título final.

Creo que un texto requiere un reposo posterior a su primera redacción que permita leerlo nuevamente con cierta distancia, sobre todo si uno ya no va a poder modificarlo cuando llegue el momento de darlo por definitivo y listo para su publicación. De un concierto le quedan al espectador impresiones y una percepción global, pero en un libro, como en un disco, un cuadro o una escultura, los defectos quedan expuestos sin compasión. Nada mejor para tomar esa necesaria distancia y refrescar las ideas que cambiar de ambiente, escapar de lo cotidiano y olvidar de alguna forma lo escrito para volver después sobre ello con aliento renovado. El bello y bravo Cantábrico es perfecto para desconectar de la rutina, así que allí nos fuimos, a la preciosa Playa de Isla, en el municipio de Arnuero, en busca de los aires de la Cantabria de la que nos habló Gerardo Diego, el ilustre santanderino:


(…) Es el viento que encrespa sus bisontes,
que en bravo alarde de torsión y ultraje
lomos restalla de olas y de montes.
El viento que me empapa de paisaje.
Sur, viento sur, enrólame en tu viaje
y ráptame en tus brazos de horizontes (...)


Estoy convencido de que las incertidumbres ante la edición de un libro no serán mayores que las que experimenté durante la grabación de Mistúra. Se amontonarán las dudas y las decisiones se dilatarán, pero me siento confiado porque, como entonces, cuento con el apoyo de grandes profesionales (y entusiastas, cualidad a revalorizar) que me ayudarán a llevar a buen puerto este proyecto. Cuando grabé mi disco tuve la suerte de trabajar con un técnico de sonido magnífico y, sobre todo, abierto a sugerencias. Pasamos juntos muchas horas escogiendo tomas, reflexionando sobre aspectos como la reverberación adecuada (la mínima, en realidad, con el propósito de no perder más naturalidad de la indispensable cuando se registra una interpretación), etc.  Recuerdo bien (¡cómo olvidarlo!) mis sensaciones tras la primera sesión de grabación. Volví a casa con varias (bastantes) tomas de una de las evocaciones de Antón García Abril, la segunda (de inspiración lorquiana). Las escuché para elegir, anotar, reservar y pasar a grabar la siguiente evocación... y me resultó imposible decidirme por ninguna de ellas, tan terribles me parecían todas. Ni el fraseo, ni el sonido, ni el concepto interpretativo me parecían acertados y me vi obligado a llamar al estudio y volver a grabar por completo la pieza. Lo curioso de todo esto es que en la edición final, la grabación definitiva salió...de aquella primera sesión. El tiempo me permitió encontrar lo que entonces fui incapaz de reconocer. Por eso digo que es beneficiosa la distancia y por eso me parece adecuado dejar reposar, como entonces la música, ahora un texto que espero abordar otra vez, pronto, con la calma oportuna y el ánimo apropiado. 

miércoles, 15 de julio de 2015

Yo he venido aquí a hablar de mi libro (II). Habemus prólogo


Ayer por la tarde recibí el prólogo que había pedido a alguien a quien admiro como a pocos, por su compromiso, su talento y su sencillez (tengo comprobada una teoría: la humildad escasea en los mediocres pero abunda en las personas brillantes y capaces porque estas son plenamente conscientes de que nadie se convierte en genio de la noche a la mañana). 

No desvelaré su nombre. Decía Buñuel que el misterio es “el elemento clave de toda obra de arte”. No sé si este libro encajará en el concepto “obra de arte”, pero si la RAE define “arte” como la “virtud, disposición y habilidad para hacer algo”, como la “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”, bien podemos forzar la cita (disposición tengo toda; sobre virtud y habilidad deberá opinar el lector) y admitirla. Al fin y al cabo, no pretendo otra cosa que la exposición pública de mi pensamiento y el intento, modesto pero entusiasta, de presentar batalla ante el acoso permanente de los anti-ilustrados. Mantengamos entonces la intriga. 


Para ilustrar musicalmente esta entrada y expresar la emoción que experimenté anoche al leerlo, qué mejor que una fanfarria: la Toccata de L´Orfeo de Monteverdi. Aquí queda.


lunes, 13 de julio de 2015

Yo he venido aquí a hablar de mi libro (I)



Es curioso lo que ocurre cuando uno escribe, como cuando lee. Cuanto más lo hace, más quiere hacerlo. Lee algo y ese algo le lleva a otro lugar en el que siempre encuentra algo sugerente que quizás le transporte a un sitio muy alejado de donde estaba y, sin embargo (o puede que precisamente por ello) atractivo, intrigante, apasionante. Escribe sobre algo y se da cuenta de que hay muchas maneras de enfocar lo que ha escrito, de que quizás no ha reflexionado lo suficiente, de que es posible verlo desde otro punto de vista, de los mil matices que se ha dejado y, por supuesto, de que aquello sobre lo que ha escrito guarda relación con esto, con lo otro y con lo de más allá. 

El 28 de enero de 2013 inauguré este blog sin más pretensión que la de ir alojando artículos (propios y ajenos) sobre educación, política y sociedad, temas que me ocupan y preocupan. No pensé nunca que mis escritos pudieran resultar de interés para los demás, aunque desde luego nadie escribe para no ser leído ni nadie interpreta música para no ser escuchado y las visitas y comentarios recibidos me animaron, allá por el mes de enero, a plantearme la posibilidad de verter mis ideas sobre educación en un libro. La génesis, pues, de mi primer libro, está en este blog.

Envié el manuscrito de que lo será un ensayo crítico sobre el estado actual de la educación y, sobre todo, un acto de defensa dialéctica contra quienes pretenden sacar partido del mismo, a unas cuantas editoriales, para lo cual pedí consejo previamente a algún amigo y colega. La iniciativa fue recogida finalmente por Plataforma Editorial, aunque otras editoriales mostraron un interés que, por uno u otro motivo, no se concretó, como en el caso de Plataforma, en la firma de un contrato editorial.

Mis primeros contactos con María Alasia, editora, como con Jordi Nadal, director de Plataforma, han sido más que prometedores. No hemos empezado aún el proceso de edición, ni siquiera hay un título definitivo para el libro, pero la relación con ellos ha sido desde el primer momento no solo cordial sino más bien afectuosa. Jordi Nadal transmite un entusiasmo que contagia y crea unas expectativas emocionantes a la hora de abordar un proceso de edición que promete ser tan hermoso como el de la edición discográfica, que sí conozco.

Comienzo con esta entrada, expectante, una serie dedicada a la descripción de las distintas etapas del trayecto, cuyo título genérico quiere homenajear al gran Paco Umbral en ese momento televisivo impagable del año 92 en el que recriminaba a Mercedes Milá que no le preguntara por su libro. También yo, por qué no, voy a hablar de mi libro. Como apuntaba más arriba, cuando un músico ofrece un concierto quiere tener el mayor número de oyentes entre el público; un cocinero, cuando cocina, quiere que sus platos sean degustados por el mayor número de comensales; un escritor quiere que lea lo que ha escrito el mayor número de personas. O, al menos, todos ellos quieren: que haya alguien que los escuche, alguien que deguste sus platos, alguien que lea sus escritos. Demos pues inicio al relato de este viaje. Y veamos hacia dónde nos conduce. 


lunes, 6 de julio de 2015

Banderas de nuestros gobernantes. Del sentimiento trágico de la política



Me aburre el debate identitario. Me produce una terrible pereza discutir sobre banderas, himnos y símbolos. No mi interesa… hasta que se vulnera la legalidad o se nos toma por idiotas. Ahí ya me siento obligado a tomar partido.

Hoy ha sido el txupinazo. Comienzan las fiestas de San Fermín. Por la televisión, con los críos atentos a la pantalla, me sorprende (así soy de ingenuo) la presencia de la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento. Sé que muchos no entenderán mi sorpresa (“se veía venir”, “te has caído de un guindo”, “¿qué esperabas?”), pero así ha sido. Esperaba, claramente de manera poco fundada, que el alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, demostrara, en esta su primera ocasión importante, que venía con la intención de ser el alcalde de todos, de fomentar ese mito patrio llamado pluralismo (versión política de la fraudulenta diversidad pedagógica), de corroborar esa imagen que a muchos (o algunos, qué sé yo) nos había transmitido de persona moderada, tolerante, abierta y sensata. Primera oportunidad perdida.

Decía al comienzo de este artículo que me aburre el debate identitario. Y es cierto. Soy poco patriota, lo reconozco. Ni me disgustan ni me emocionan especialmente los himnos. Bueno, excepto La Marsellesa en el contexto cinematográfico de Casablanca:  Víctor Laszlo pidiendo a la orquesta en el Café de Rick que toque La Marsellesa para silenciar el himno que cantan los oficiales alemanes; los presentes uniéndose al líder de la resistencia, poniéndose en pie y cantando cada vez más alto, apagando el himno alemán ante la sorpresa de los oficiales…no me emocionan, insisto, salvo excepciones como esta o el comienzo de “All you need is love” de los Beatles, pero parece que a los políticos les da buenos resultados su utilización y mangoneo.

La ikurriña, como todos saben, es la bandera oficial del País Vasco. Euskadi. Comunidad Autónoma Vasca. Como prefieran. Representa además un sentimiento vasquista, no necesariamente independentista, que parte de los navarros comparten. Negarlo, como ha venido haciendo UPN, es una necedad. Pretender que sea mayoritario, como hacen los nuevos gobernantes navarros, una torpeza y un peligroso flirteo con el fanatismo. Según el acuerdo programático para el gobierno de Navarra 2015-2019 suscrito entre Geroa Bai, EH-BILDU, Podemos e Izquierda-Ezquerra, uno de los objetivos es conseguir "una Navarra plural, abierta, euskaldun y orgullosa de sus dos lenguas, respetuosa con sus respectivas identidades, laica, social y solidaria". Me pregunto cómo se concilia la pretensión de que Navarra sea euskaldun con el respeto a quien no lo es, con la apertura y el orgullo por las dos lenguas, euskera y castellano... o Navarra es diversa o es euskaldun; o es diversa o es castellano-parlante. Y si es castellano-parlante y euskaldun, entonces ya es diversa. Me parece difícil que sea todo al mismo tiempo. Pero también me parece difícil que un gobierno o un partido se diga nacionalista y de izquierdas, así que seguramente el problema lo tenga yo. ¿Algún día se pensará en quienes no queremos ni prohibir ni imponer una lengua, en quienes entendemos que se puede ser de izquierdas sin ser independentista (es más, en quienes estamos convencidos de que no es posible ser independentista y de izquierdas), creyente sin querer que la religión invada la vida pública, solidario sin buscar una solidaridad de pega, rentable y sostenible (véase el neoconcepto de “emprendedor social”)?

Joseba Asirón, que días atrás había afirmado que respetaría la legalidad vigente, le “gustara más o menos”, ha justificado la presencia de las cinco banderas (europea, española, navarra, pamplonesa y vasca -a este paso algún día no van a caber tantas-) de la siguiente forma (descarto comentar la argumentación oficial de su partido, EH-BILDU, que afirmahaber colgado la ikurriña “en deferencia a tres parlamentarios que habían acudido desde el País Vasco” por intelectualmente ofensiva): “estas banderas”, decía Asirón, "representan a un sector mucho más amplio de la sociedad" y son "un símbolo de cambio".

Sr Asirón, oficialmente, la ikurriña solo representa a la comunidad vecina, no a esta. Sentimentalmente, es evidente que representa a una parte de la sociedad navarra y al conjunto de la sociedad vasca, tan evidente como que hay otra parte (no menor) de la sociedad navarra que no se siente representada por la bandera vasca. Pero esto es en realidad lo de menos. Lo importante es que un político no puede decidir en función de sentimientos más o menos bondadosos, sino de legalidad, respeto y sensatez. No le he votado a usted. No he votado tampoco al anterior alcalde ni a ningún otro candidato. Sin embargo, tenía ciertas esperanzas (inocente que es uno) de que un cambio en la alcaldía y en el gobierno de la comunidad pudieran ser positivos. Y en cualquier caso, lo que la ciudadanía vota "va a misa" (con perdón). Pero no me gustan, repito, ni las prohibiciones ni la imposiciones. Sí me gusta que se respete la ley. Y usted no lo ha hecho. Mal empezamos. Y sabía bien que no era legal colgar la ikurriña. Y no le ha importado porque lo que le importa, lo que le da réditos políticos, lo que contenta a su parroquia (como los otros, sí, como los otros haciendo lo contrario) es apelar al sentimiento. Pero también desde el punto de vista emocional (¡qué perra ha cogido todo el mundo con esto!) hace trampa porque los sentimientos de unos son diferentes de los de otros, porque hay quien se identifica con la ikurriña y quien se siente incómodo con ella. Y en estos usted no piensa.

Empieza a ser preocupante la postración de la política ante lo sentimental, lo emocional, lo visceral, lo irracional. Como en la vida cotidiana, cuando alguien se escuda en su gran espontaneidad, en el “es que yo soy así”, para faltar al respeto al otro. Pues señor mío, usted se creerá muy espontáneo pero es un maleducado y un pelmazo. Y en política, ocurre parecido.

Sr Asirón, déjese de sentimientos y gobierne para todos: para los que sienten lo mismo que usted, para los que no y para los que, en cuestión de banderas, ni sentimos ni padecemos.